Definición de abandono de cosas


    Las leyes 49 y 50 del tít. XXVIII, Part. V, ya disponían sobre el abandono que el propietario podía hacer de una cosa mueble o raíz, con ánimo de no contarla para lo sucesivo en el número de sus bienes, por serle inútil o gravosa, o por mero capricho. En tal supuesto se pierde el dominio que sobre la misma se tuviere, y la hace suya el primero que la ocupe. La cosa abandonada recibe el nombre de derelicta y pasa a ser res nullíus, susceptible de apropiación por el primer ocupante posterior.
    A esta misma situación puede equipararse la creada cuando se deja expirar el plazo para reivindicar una cosa, reclamar una deuda o un derecho; abandono que da origen a la prescripción extintiva. (v. PRESCRIPCIÓN.) El derecho de ocupación de las cosas abandonadas es antiquísimo. Cicerón, en De legibus (lib. I), expresa que "el mundo era un gran teatro en que cada localidad pertenecía al primero que la ocupaba, en tanto que permanecía en ella, sin poder impedir a otro que la ocupase, luego que la abandonaba".
    El Cód. Civ. arg., al tratar del dominio de las cosas y del modo de adquirirlo, establece que la apropiación es la aprehensión de las cosas muébles sin dueño, o abandonadas por éste, hecha por persona capaz de adquirir con el ánimo de apropiárselas: contituye un título para adquirir el dominio de ellas.
    El art. 2.526 define lo que son cosas abandonadas por el dueño: "aquellas de cuya posesión se desprende materialmente, con la mira de no continuar en el dominio de ellas77. Y el art. 2.529 dispone que, si las cosas abandonadas por sus dueños lo fueren para ciertas personas, esas personas únicamente tendrán derecho para apropiárselas. Si otros las tomaren, el dueño que las abandonó tendrá derecho para reivindicarlas, o para exigir su valor.
    En el caso de duda (art. 2.530), no se presume que la cosa ha sido abandonada por su dueño, sino que ha sido perdida, si es cosa de algún valor.
    Como nota que diferencia el abandono de la pérdida está que en el primer acto existe la voluntad de desprenderse de ella, mientras en el extravío no se da tal ánimo, sino la ignorancia sobre el paradero. Y ese desconocimiento constituye, por otra parte, la característica de la pérdida frente al simple olvido, en que el dueño, luego de lapso mayor o menor, y ya a cierta distancia más o menos grande de la cosa, recuerda que la ha dejado en determinado lugar o situación.
    Como en otras tantas instituciones jurídicas, la buena fe tiene su premio en caso de encontrar las cosas abandonadas y devolverlas al dueño, por la posibilidad de que sean tan sólo perdidas. Si el abandono e9 cierto, el ocupante goza de toda la protección jurídica luego del reconocimiento por el antiguo propietario; si no era abandono o se ha arrepentido de él quien antes era dueño, el descubridor tiene derecho a una indemnización, calculada por el valor de la cosa hallada y devuelta. Por el contrario, el retener lo que otro pierda, aun con el pretexto de creerlo abandonado, convierte a quien lo encuentre y se lo guarde en reo de hurto, con pérdida por supuesto de la parte proporcional del valor a que tenía derecho, (v. HALLAZGO, PÉRDIDA.) El dinero, lo mismo que las demás cosas muebles, puede ser objeto de apropiación por el primer ocupante, siempre que de aquél o de éstas liaga voluntario abandono el dueño con tal propósito (art. 2.257). Inequívocamente han de áer comprendidas en este precepto ciertas liberalidades inciertas en cuanto al sujeto favorecido, como el arrojar monedas al aire y en la calle en actos dé regocijo, como Dautizus y boda:.
    En lo que hace al dominio, el derecho de propiedad se pierde "desde que se abandone la cosa, aunque otro aún no se la hubiese apropiado. Mientras que otro TÍO se apropie la cosa abandonada, es libre, el que fué dueño de ella, de arrepentirse del abandono y adquirir de nuevo el dominio" (art. 2.607).
    En el caso de que esté constituida sobre un inmueble una obligación hipotecaria, cabe hacer abandono del mismo. El art. 3.169 del referido código autoriza a librarse el deudor del juicio de los ejecutantes, abandonando el inmueble hipotecado, si no estuviere personalmente obligado como heredero, codeudor o fiador del deudor. El abandono del inmueble hipotecado no puede ser hecho sino por persona capaz de enajenar sus bienes. Los tutores o curadores de incapaces sólo podrán hacerlo autorizados debidamente por el juez, con audiencia del Ministerio de menores (art. 3.173). Se refieren al abandono de inmuebles hipotecados los art. 3.169 y ss. del Cód. Civ. cit.
    El abandono de cosas está considerado también en el Derecho Mercantil y en el Administrativo. En el primero, en lo que hace relación a cosas aseguradas, a la nave, y a las mercancías. En Derecho Administrativo pueden darse los siguientes casos: a) abandono de cosas y mercaderías transportadas por ferrocarril; 6) abandono de mercaderías en pago de, los derechos de aduanas. Por separado serán examinados cada uno de estos casos, (v. APROPIACIÓN, OCUPACIÓN, PRESCRIPCIÓN.)

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