Definición de tormento  



    Antiguo y violento sistema para obligar por la fuerza y el sufrimiento físico a declarar a los testigos reacios y a confesar a los sospechosos o acusados. Dolor físico que no cabe desechar o que reaparece. Angustia, aflicción. Persona o cosa que la causa.
    Como práctica judicial fué usada de modo especial en la Edad Media y comienzos de la Moderna, en los -casos de existir prueba semiplena o vehementes indicios, que en la realidad se reducían a la conciencia o crueldad del investigador.
    La Ley V del tít. XXX, de la Part. VII dice acerca del tormento que es: "una manera de prueba que hallaron los que fueron amadores de la justicia, para escudriñar y saber la verdad por él de los malos hechos que se hacen encubiertamente y no pueden ser sabidos ni probados de otra mañera".
    El fundamento teórico del tormento se encuentra en gran parte, además del furor que en el inquisidor de escasa cultura suscita la negativa o mentira del reo, en la valoración idolátrica que en el antiguo procedimiento se atribuía a la confesión, la réina de las pruebas, que se trataba de obtener a cualquier precio. Hoy, en crisis el reconocimiento de la culpa del acusado como base de su condena, y mejorados los sentimientos colectivos penales, el tormento está excluido de las leyes.
    Ruedas, potros, argollas, apremios, esposas, calabozos infectos, látigos, animales inmundos o feroces, forman parte del inmenso arsenal que en diversos tiempos y de maneras incontables ha puesto en acción la sociedad para torturar a los acusados, que tenían la oportunidad de salvarse resistiendo al tormeato, quizás la sola Lalvación de la muerte, mientras era la probable condena de los inocentes incapaces de soportar tal crueldad.
    E ser | | che, cuyo testimonio y juicio tienen en este tema el valor que le concede la circunstancia de haber vivido en la época de transición, cuando ya estaba siendo abolido el tormento en la mayor parte de los pueblos, aunque subsistiera en otros/expresa que la introducción de la tortura en los tribunales españoles fué ilegítima y contraria al espíritu de las leyes; porque ni el Fuero Real, y menos en los primitivos, ni el Fuero Viejo de Castilla ni en el Ordenamiento de Alcalá se menciona el tormento. Aparecí*, sí, en el texto transcrito de las Partidas, que lo tomaron de una mala combinación del Derecho romano y del Canónico; pero que, en verdad, fueron aplicadas en este aspecto antes de lograr autoridad legislativa auténtica el texto del rey sabio (lo cual acaeció un siglo después y con carácter supletorio). Y la ilegitimidad surge por cuanto en los cuerpos legales de preferente vigor se insertaban las diversas pruebas admisibles, pero no la tortura.
    Como detalles de esta ejecución que no siempre quitaba la vida, el mencionado autor refiere que los métodos principales eran dos: el de abrir heridas a fuerza de azotes, y el de colgar al reo por los brazos y ponerle mucho peso en la espalda y en los pies. El tormento "sólo" se utilizaba en los delitos graves, ti había presunciones en contra del acusado y a falta de otras pruebas. El interrogatorio se verificaba por el juez ante el escribano y el verdugo o atormentador. De ser varios los atormentables, se empezaba por el más joven o vicioso —por la facilidad de que cedieran— y siempre con separación, para buscar las contradicciones y evitar la confabulación. Lo curioso es que la confesión dada durante la tortura no era eficaz si no se ratificaba fuera del suplicio; por lo cual, al día siguiente de haber confesado o mentido por el dolor, el reo era nuevamente preguntado, ya sin amenazas ni apremios (pero sí patente el recuerdo en su cuerpo y cohibido por una posible repetición...). De reiterar que era el autor del delito, se le condenaba sin más, a menos de existir otras pruebas que desvirtuaran esa afirmación, obra de miedo, locura, error, despecho o jactancia. De no repetir la confesión, se le volvía a atormentar. Si el reo negaba en el tormento, se le absolvía o daba por quito; pero esto no era observado por la justicia, que retenía al acusado a la espera de indicios nuevos contra él, o le imponían arbitrariamente alguna pena, contra el principio de ser inocente aquel al que ningún delito se le prueba.
    No sólo los reos podían ser atormentados; también los testigos sospechosos de falso testimonio, sobre todo a favor del acusado, los que se contradecían e incluso, en aberración insuperable, los que no podían deponer por infames* y eran purgado» por la tortura, (v. PURGAR LA INFAMIA.) Con los consiguientes privilegios medioevales, estaban exentos de la tortura: lo los menores de 14 años; 2o las embarazadas, causas en que la piedad se imponía a la dominante crueldad; 3? los "caballeros", incluidos los soldados; 4o los nobles; 5o los consejeros del rey y de los pueblos; 6o los maestros de leyes y otras ciencias.
    Con acento de su tiempo, Escriche esgrime el evidente argumento de los innúmeros ejemplos de inocentes que, en medio de dolor, han confesado inexistentes delitos, y de los feroces pero robustos delincuentes que se han librado de la pena mintiendo Dor. capaces de soportar el tormento. Tras comparar esta práctica con los juicios de Dios (v.e.v.), otro desvarío probatorio medioeval, declara: "ya se estremecen todos con la idea sola del tormento: los tribunales le han echado del templo de la justicia; los legisladores le han ido suprimiendo en todas partes; y si hay todavía quien trate de levantar en algún caso este horrible monumento de la bárbara legislación de nuestros padres, todos le miran como a un tigre salido de los montes de la Hircania".
    Como tantas otras medidas de imperecedera glo- ria, fueron las Cortes de Cádiz, por unanimidad, en la sesión del 22 de abril de 1811, las que ordenaron que quedara abolido para siempre el tormento en España y todos sus dominios.
    En forma muy delicada, pero transparente, la Ley de Enj. Crim. esp., al ocuparse de la policía judicial (v.e.v.), condena la posibilidad de resucitar el tormento-. "En todo caso, los funcionarios de la policía judicial están obligados a observar estrictamente las formalidades legales en cuantas diligencias practiquen; y sc abstendrán, bajo su responsabilidad, de usar medios de averiguación que la ley no autorice" (ar. 297).
    El mismo texto sólo permite el empleo de la fuerza en un caso especialísimo, justificado como defensa o seguridad y ajeno a la obtención de pruebas contra uno mismo, al decir, acerca del tratamiento de detenidos y presos, que: "No se adoptará contra el detenido o preso ninguna medida extraordinaria de seguridad sino en caso de desobediencia, de violencia o de rebelión, o cuando haya intentado o hecho preparativos para fugarse" (art. 525).
    Confesar sin tormento: revelar lo que se sabe sin apremios ni instancias.
    Dar tormento: someter a la tortura a sospechosos y a testigos.
    Acerca de algunas variedades de tormento, muestrario de la inclemencia humana, v. las voces siguientes a ésta. (v. CAMPO DE CONCENTRACIÓN, TERCER GRADO, TRATO DE CUERDA.)

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