Definición de viuda  



    La mujer que sobrevive a su marido, mientras no contraiga nuevas nupcias. En lenguaje popular, horca.
    La viudez, la condición de viuda, implica para la mujer, aparte las consideraciones personales y afectivas, una verdadera revolución en su estado jurídico.
    En general, la viudez significa para ella liberarse de la sujeción y casi tutela en que los ordenamientos tradicionales la sitúan con respecto al marido omnímodo; al que, como casada, debía la teórica obediencia, y que, con mayor efectividad, se interponía en todos los actos de disposición y aun de administración de lo suyo, además .de cohibirla en numerosas facultades con respecto a los hijos, dependientes de la patria pótestad, ejercida por el padre, con colaboración materna, pero más bien en lo social y familiar que en la letra de las leyes.
    Pero no todo son ampliaciones de la capacidad, ya que la viuda encuentra, como tal, algunas restricciones: así, no puede, mientras no se efectúe la partición, disponer de los bienes gananciales; no percibe en lo sucesivo,, salvo cláusula especial hereditaria o sucesión ab intestato, los frutos de los bienes del marido (en la mayoría de los hogares los más importantes, sobre todo cuando él trabaja y es la única fuente de ingresos); se encuentra también con límites para contraer nuevo matrimonio.
    A continuación se considera la viudez en sus principales aspectos:
    A. — En relación con las nuevas nupcias, de conformidad con lo dispuesto en el art. 45 del Cód. Civ.
    esp.,« en la primera aparición expresa de las viudas en el cuerpo legal (aunque antes se haga referencia a ellas en los arts. 15 y 22), se les prohibe el matrimonio durante los 301 días siguientes a la muerte de su marido, o antes de su alumbramiento si hubiesen quedado encinta. Por tanto, de dar a luz instantes después de morir el marido, la viuda puede contraer nuevo matrimonio al día siguiente; eventualidad no desdeñable, sobre todo para reparar, por casamiento in artículo mortis, algún caso de conciencia» como relaciones adulterinas previas.
    Ese precepto, que corresponde a una arraigada tradición, para evitar la mezcla o confusión de sangre —la* duda acerca de la paternidad;—, se reitera en el art. 93 de la Ley de matr." civ. arg.: "La mujer no podrá casarse hasta pasados 10 meses de disuelto o anulado el matrimonio, a menos de haber quedado encinta, en cuyo caso podrá casarse después del alumbramiento". "La mujer que se casare en contravención del artículo anterior, perderá los legados y cualquiera otra* liberalidad o beneficio que el marido le hubiese hecho por testamento" (art. 94).
    El plazo marcado por esta ley, al ser fijado por meses, puede variar, según incluya ya febrero, o no, de 303 a 306 días. El más breve es el que parte de los días 1* de febrero o lo de septiembre, por eludir dos meses seguidos de 31 días, en años no bisiestos.
    De contravenir la viuda la prohibición de casarse antes de transcurrir el plazo legal de espera (en que el legislador fio prevé la dispensa ni por haber excedido notoriamente la viuda la edad de posible gestación), no se invalida el matrimonio; ya que, en verdad puede no ocurrir esa "tragedia de la duda de la filiación (que, en todo caso, se cargaría al primer marido hasta los 300 días de la viudez), sino qbe se adoptan penas civiles en cuanto al régimen patrimonial. El art. 50 del Cód. Civ. esp establece que tal casamiento se entenderá contraído con absoluta separación de bienes; cada cónyuge retendrá el dominio y la administración (con lo cual la potestad de la ex viuda se refuerza con respecto a las casadas ordinarias) de los bienes que le pertenezcan, y hará suyos sus frutos, con la obligación de contribuir proporcionalmente a las cargas del matrimonio. En segundo lugar, ninguno de los cónyuges puede recibir cosa alguna del otro por donación ni por testamento; pero eso no excluye la sucesión ab intestato ni la cuota usufructuaria legal del viudo. Además, en cuanto a las donaciones, las de cosas muebles (alhajas, trajes), las de mayor interés para casi todas las mujeres, resulta factible evadir la prohibición por no ser fácil conocer el origen del dinero; quizás proveniente hasta del juego, si la diferencia de fortunas es grande, y se busca un hábil pretexto o explicación.
    Esa transgresión tiene repercusiones. Así, el Cód.
    Pen. esp., entre los matrimonios ilegales —cosa distinta de los nulos—, castiga con multa hasta de 5.000 pesetas a la viuda que vuelve a casarse sin haber transcurrido el plazo legal de espera.
    B. — En relación con la nacionalidad, la viuda determina, a falta del marido y padre, la de los hijos menores (art. 17 del Cód. Civ. esp.). Además, ese estado de soledad conyugal permite a la viuda reparar el terrible desliz del legislador al privarle automáticamente de la nacionalidad por casarse con extranjero; que suma a lo antipatriótico el descuido imperdonable de no haber previsto que algunas leyes extranjeras no le concedan por eso a la mujer la nacionalidad marital, y se consuma un despojo sin adquisición de cualidad equivalente. Así, el art. 22 antiguo determinaba que la antes española, una vez disuelto el matrimonio —y la viudez es la cau3a predominante—, podía recobrar la nacionalidad regresando a España (exigencia también excesiva), renunciando a la protección del pabellón que hubiera tenido (con insistencia en la inadvertencia de que puede no haber ohtenido otro) y haciendo la manifestación correspondiente ante el funcionario del Registro civil en que eligiera domicilio, para la inscripción consiguiente. Esto ha cambiado en 1954.
    De forma paralela a- la indicada, la viuda determina la vecindad para los hijos sujetos a su potestad, dentro de las relaciones complejas del Derecho.
    Común y del Derecho Foral esp. (v. el art. 15 del cit.
    cód.). ^ C. — En relación con los hijos, la viudez representa para la mujer el relativo consuelo de ampliar al máximo su autoridad sobre ellos, en los aspectos legales; ya que le corresponde el pleno ejercicio de la patria potestad (v.e.v.). En algunos textos legales, por influjo de la tradición romana, se conserva, y no por puridad jdiomática, el áspero precepto de que la viuda no ejerce la patria potestad (y no "matria potestad?) sobre los hijos, sino la preferente tutelav legal.
    No obstante, cual si fuera algo digno de sanción, o si en la mujer no pesara más la maternidad que el matrimonio, el Cód. Civ. español arrebataba a la viuda que dejaba de serlo, por contraer nuevas nupcias, la patria potestad sobre sus hijos; a no ser que el marido difunto, "padre de éstos" (y la aclaración no era maliciosa, sino por la posibilidad de que se tratara de prole de un primer matrimonio, tras otro segundo infecundo y ante un tercer casamiento) hubiera previsto expresamente en su testamento que la viuda contrajera nuevo matrimonio, y permitiera que en tal caso conservara y ejerciera la patria potestad sobre sus hijos (art. 168).
    Esa privación afectiva y jurídica se ha subsanado, a favor de la viuda nuevamente casada, en la reforma parcial del Código efectuada en 1958. (art. 172).
    El Cód. Civ. arg. reconoce a la viuda la potestad sobre los hijos, salvo contraer nuevas nupcias (arts. 305 y 308).
    D. — En la consideración oficial, la viuda goza de los honores pertenecientes a su difunto marido, no estrictamente personales, mientras no contraiga nuevo matrimonio (art. 64 del Cód. Civ. esp.); y entre ellos los títulos honoríficos, desde reina para abajo.
    E. — En el régimen patrimonial, la viudez representa cambios fundamentales. En relación con los bienes parafernales (v.e.v.), la viuda recobra o adquiere (podía haberse casado siendo aún menor) la administración de los mismos y la plena disposición, siempre que sea mayor de edad al enviudar. Queda de lado, por tanto, todo vestigio de licencia marital o la supletoria autorización judicial (v.e.v.), para tales bienes en caso de actos conformes con el marido o sin su venia.
    Con respecto a los bienes gananciales (v.e.v.), al producirse automáticamente con la viudez la disolución de la sociedad conyugal de bienes, la viuda, una vez terminada la partición, adquiere la propiedad de aquellos en una mitad; y aun puede corresponderá parte del otro medio a través de la cuota legitimaria en usufructo o como legítima en caso de sucesión intestada en que no haya descendientes del causante.
    Respecto a los bienes dótales (v.e.v.), la viudez abre el capítulo complejo de la restitución de la dote (v.e.v.), que para la mujer significa en ocasiones el comienzo de su total y directo disfrute; ya sin restricciones hipotecarias ni de conservación en cuanto a las cosas que la constituyan, que se convierten en propiedad exclusiva de ella.
    En cuanto a la dote, también, el Cód. Civ. esp. contiene dos preceptos especiales y de favor para la mujer; porque a la viuda ha de entregarse, ysin cargo a la dote, el lecho cotidiano con todo lo que lo constituya, y las ropas y vestidos (v.e.v.) del uso ordinario de la misma (art. 1.374). Además, "si el matrimonio se disuelve por muerte del marido, podrá la mujer optar entre exigir durante un año los intereses o frutos de la dote, o que se le den alimentos del caudal que constituya la herencia del marido. En todo caso sé pagarán a la viuda, del caudal de la herencia, los vestidos de luto" (art. 1.379). • F. — De la situación especial de la mujer embarazada al enviudar se ocupa el artículo VIUDA ENCINTA.
    G. — En lo atinente a los derechos sucesorios de la viuda no hay diferencia, por, razón femenina; y por ello se exponen en la voz VIUDO.
    Diversos derechos o privilegios tiene la viuda en cuanto a los bienes del que fué su marido o de los comunes del matrimonio, que se exponen en las voces: AÑO DE LUTO, CASAMIENTO EN CASA, CUARTA MARITAL, FUERO DEL BAILÍO, VIUDEDAD y sus especies. (v., además, CÓNYUGE SUPÉRSTITE, LUTO, MUJER CASADA, RESERVA VIUDAL, SUCESIÓN DEL CÓNYUGE SUPÉRSTITE, TENUTA.) H. — En el Derecho Laboral, la viuda goza del derecho a pensión, cuando el marido ha trabajado determinados años al servicio del Estado o corporaciones públicas o en empresas particulares. En caso de no haber adquirido derecho a dejar pensión, se otorgan a la viuda las llamadas mesadas de supervivencia (v.e.v.), y en otras legislaciones, el reintegro de lo aportado al fondo jubila torio o de retiro. ► Además, en caso de accidente del trabajo (v.e.v.) de carácter mortal, la viuda tiene derecho a percibir una indemnización, consistente en un pequeño capital que se entrega de una vez o en un subsidio periódico. Y a tales efectos debe agregarse que tiene la consideración de viuda la que fué manceba del trabajador, la que hizo con él vida marital, aun sin mediar nupcias civiles.
    Tanto en esta disposición como en la anterior, se advierte la visión unilateral de los legisladores, a los que parece escaparse la posibilidad de que sea la mujer quien trabaje y el marido el que pueda percibir la pensión o la indemnización, y en ello cabe que no exista nada deshonroso; como en el supuesto del que se queda impedido, por enfermedad o desgracia luego de casado, cuya mujer debe arrostrar el conseguir el sostenimiento para la familia.
    1- — En lo penal, la viuda tiene derecho a ser dotada en caso de violación o rapto; pero no en el casi imposible de estupro (por la rareza de viudas vírgenes, además de que en aquéllas no existe la presunción de doncellez, a menos de no haber vivido juntos los cónyuges), aunque al legislador se le pase esto algo por alto en el art. 444 del Cód. Pen. esp. (v. los delitos cit.) J. — Sociológicamente, la condición de la viuda no resulta muy envidiable. Además de despertar el afán de galanteos frivolos en cuantos - equiparan viudez femenina con liviandad o fragilidad sexual, por el propósito opuesto, e igualmente injusto, de una severidad absoluta, los pueblos de escasa civilización se han mostrado tiránicos con las viudas. Además de restringir en casi todas partes las segundas nupcias (v.e.v.), se atribuyen con certeza brutales costumbres a los incas, que daban muerte a la mujer que más había amado el difunto; los guaraníes, sin llegar a ello, ni excluirlo, arrojaban a las viudas desde considerable altura, para dejarla tullida o deformaba para el resto de su existencia. Según Nassau, en varias tribus de África, las viudas son enterradas vivas con sus maridos ya muertos; ya por la idea de que los acompañen también en la otra vida, ya cual Gastigo o por no haber conseguido que vivan más tiempo. En el Dahomey, a ese rito precede el quebrarle las piernas a las viudas.
    En llegada, las viudas de los reyes o reyezuelos son atadas alrededor de la tumba de su esposo, hasta que mueren de hambre.
    En tribus de Oceanía refiere Speiser que las viudas son ahorcadas, para poder gozar del marido en la otra vida; y la que elude esa práctica es tenida por adúltera.
    Entre los tártaros se cita la costumbre de ahorcarse las mismas viudas. En la China existen todavía algunos vestigios de tal fanatismo.
    En la India, de acuerdo con la ceremonia de la Suttee (v.e.v.), la viuda es quemada en la pira funeraria del marido.
    Sin llegar al sacrificio voluntario o forzoso de la vida, los lutos han sido también en extremos severos para las viudas. Se señala así que en la Costa de los Esclavos, la mujer debe estar encerrada 6 meses en donde sea enterrado su marido. En la isla de Pentecostés, la viuda debía dormir 100 días junto al cadáver de su marido; superando con creces el ejemplo del velatorio de Doña Juana la Loca.


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