Definición de violación de mujer


    Delito contra la honestidad y contra la libertad que se comete yaciendo carnalmente con mujer, contra su voluntad expresa, por emplear fuerza o grave intimidación; contra su voluntad presunta, por encontrarse privada temporal o permanentemente de sentido, por enajenación mental, anestesia, desmayo o sueño; o por faltarle madurez a su voluntad para consentir en acto tan fundamental para su concepto público y privado, para la ulterior formación de su familia y por la prole eventual que pueda tener.
    Para el Derecho español, la víctima de Ta violación no puede ser sino mujer, mientras el Cód. Pen. arg.
    emplea la fórmula de personas de uno u otro sexo, que incluye también a los hombres, cuando se abuse de ellos por vía contra natura.
    Así pues, existe violación, y el vocablo se emplea por antonomasia para referirse al delito sexual, cuando se obliga a la mujer a sufrir la conjunción carnal contra su voluntad, sin- su voluntad o con voluntad sin pleno discernimiento, como la menor que consiente en la cópula sin saber su significación. Como a ese ataque al pudor ha de sumarse la falta de consentimiento, por lo cual lo es también contra la libertad la agresión, éste puede faltar o encontrarse viciado en alguno de estos supuestos: 19 por haber yacido mediante fuerza, sujetando a la mujer o aprovechando la mayor fortaleza física del hombre o por intimidación, mediante amenazas o infundiendo miedo; 29 por encontrarse la mujer privada de razón (una demente) o de sentido (la que duerme); 39 por encontrarse la víctima, a causa de enfermedad o motivo análogo, en la imposibilidad de defenderse o de ofrecer resistencia; 4o por ser incapaz la víctima, por faltarle el bastante discernimiento, de conocer la importancia y gravedad del acto, en el caso de las menores de 12 años, en que, aun siendo tenue la probabilidad de concebir, se agrava la desfloración con la posibilidad de graves lesiones a causa del escaso desarrollo físico.
    Se discute si el hombre puede ser víctima en el delito de violación, o si debe limitarse ella a la mujer, como hace el Cód. Pen. español, que configura como abusos deshonestos (v.e.v.) el forzar sexualmente a un hombre.
    Desde luego, aunque la iniciativa del acceso carnal proceda de la mujer y el hombre se oponga, no parece que pueda hablarse seriamente de violación, ya que la honestidad del hombre no padece, en la opinión general, por el contacto carnal con la mujer. Más aún, esa situación provoca casi siempre la hilaridad, aun tratándose de agresora poco convincente por sus escasos encantos físicos. Aun cuando por .intimidación o violencia consiga una mujer cohabitad con un hombre, no comete el delito de violación, sino un atentado contra las buenas costumbres, que integra figura jurídica distinta, o si acaso una coacción injusta.
    La violación de mujer por mujer suscita también dudas; ya que no existe la temida contingencia de Mn«r vftli.nf«/! 1« víf*lw
    ni «iinnnn un contacto que pueda repugnar a un futuro esposo o a un actual marido como el habido con hombre. De todos modos, como se trata de un acto contra la libertad y contra la moralidad, en el caso de desfloración (v.e.V.), causado por cualquier manipuleo o procedimiento y por otra mujer, ofrece la gravedad bastante para incluirlo en la violación si no existe exclusión expresa dentro de los códigos penales. No obstante, la penalidad parece excesiva y el hecho de trascendencia más escasa, si una mujer abusa de otra, sea casada o viuda, o soltera que ya haya tenido trato carnal con varón; pues no alarma ello ni a la víctima ni a la sociedad como la violación genuina.
    También ofrece interés la llamada violación por el marido. Como el débito conyugal (v.e.v.) no solamente constituye un derecho de cada cónyuge, sino un deber del otro, es evidente que, mientras se mantenga la convivencia de los casados, no cabe achacarle al marido delito alguno aunque yazga carnal- mente con su mujer contra la voluntad de ésta. Ciertas reservas ofrece, sin einbargo, el acto carnal entre esposos, contra la voluntad de la mujer, en ocasiones en que la propia naturaleza femenina pone veto a ello; y singularmente en las proximidades del parto, donde se comprometen incluso dos vidas si se cometen ciertos excesos o actos de fuerza, y en el período inmediatamente posterior al parto, donde tanto ha de velarse por la salud y el restablecimiento de la que ha sido madre.
    En caso de separación iniciada o de divorcio en trámite, no parece que pueda hablarse de violación, porque no existe atentado contra la honestidad — aunque sí puede haberlo contra la libertad— cuando él marido fuerce a la que todavía no ha dejado de ser su mujer. Ya separados judicialmente los cónyuges, por sentencia firme, y aunque se trate de divorcio vincular, parece que la situación anterior subsiste, salvo el caso, ya indudable, de que la primera mujer del violador haya contraído segundas nupcias, donde corresponde penar sin más. Ahora bien, durante la situación del divorcio vincular, ha de pensarse más bien que no debe sancionarse cual violación un acceso violento con la antigua mujer; y ello porque entre divorciados subsiste aún algún vínculo del pasado yugo, como se prueba en los ordenamientos que simplifican las nuevas nupcias entre los ya una vez esposos, en cuyo régimen patrimonial-no suele permitirse cambio. Y esa "violación" puede tener además aspectos muy contrarios a los del delito; así, si el marido logró el divorcio por adulterio de éu mujer, el acceso carnal ulterior puede interpretarse como un perdón; y aun siendo el marido el culpable en el divorcio, el acceso forzado puede interpretarse como síntoma de arrepentimiento, cual propuesta muy expresiva de reconciliación...
    Para el Cód. Pen. esp.: "La violación de upa mujer será castigada con la pena de reclusión menor. Se comete violación yaciendo con una mujer en cualquiera de los casos siguientes: 19 Cuando se usare de fuerza o intimidación. 29 Cuando la mujer se hallare privada de razón o de sentido por cualquier eausa. 39 Cuando fuere menor de 12 años cumplidos, aunque no concurriere ninguna de las circunstancias expresadas en los dos números anteriores" (art. 429).
    La jurisprudencia ha determinado que no es preciso que la fuerza sea irresistible, sino que basta la suficiente para conseguir el propósito. Integra así acto de fuerza, suficiente para cualificar la violación, el acto de taparle la boca a la víctima, para que no pueda gritar y pedir auxilio, y poder el vÍaIa/Iav /-nnaiim««- a.» im>Anrteitft líKi/IiHAart Si en el primer acceso ha habido fuerza, aunque en los restantes no haya existido, el delito cometido es el de violación, y no el de estupro (v.e.v.). Luego de un primer acceso violento, la reiteración posterior con asentimiento, lograda con la promesa de reparar la falta, no suprime la punibilidad del delito.
    En cuanto a otros estados de ánimo en que no existe plena oposición, la jurisprudencia ha aceptado sin duda el acceso carnal durante el sueño como violación, a menos de ratificación plena de la mujer al despertar.
    También es violada la mujer con que se yace si tiene perturbadas sus facultades mentales y el violador lo sabía; pero no en el caso de ignorarlo éste antes y no advertirlo durante el acto.
    Es coautor de violación el que sujeta a la violada. En cuanto a la consumación, no es preciso —en caso de virgen— la rotura más o menos completa del himen; ni tampoco la eyaculación interna. O sea, que la jurisprudencia se atiene a la mera penetración, que parece inaceptable cuando se trata de virgen y no ha habido quebranto de la integridad corporal; pues no se han producido ni el mal de la desfloración ni la eventualidad de embarazo. Se trata entonces de un acto carnal tan imperfecto, que el rigor penal —que el legislador rehuye— parece más improcedente aún en este supuesto. No se está lejos del caso, traducido en absolución en algún fallo, de que el hombre desista voluntariamente de sus propósitos deshonestos, por arrepentimiento, en que no hay materia punible, al menos como violación.
    Se ha castigado el delito en grado de frustración cuando es sorprendido el hombre en habitación apartada o cerrada adonde había conducido por fuerza a la mujer; o cuando, tras rechazar la mujer la proposición deshonesta, es tirada al suelo y se le levanta o se le rasga la ropa; y cuando el propósito no se consumó por desproporción física sexual entre el hombre y la mujer.
    Existe tentativa si el reo desiste ante la resistencia de la víctima o por la presencia de un tercero.
    Se ha estimado como atenuante el arrebato producido en el violador por actos ajenos a su iniciativa que provocaron el movimiento pasional que dio por resultado el delito. Posiblemente entre en ello la ocasión de encontrar a solas y en posición incitadora a la mujer. Si la provocación hubiera partido de ésta, ppr obscenidad, habría que estimar un consentimiento casi presunto en la víctima; y debería buscarse figura delictiva distinta de la violación, sobre todo si la mujer no era de moralidad muy severa.
    El Cód. Pen. arg. admite la violación bisexual, tanto la de mujer como la de hombre, y lo declara sin duda alguna: "Será reprimido con reclusión o prisión de 6 a 15 años, el que tuviere acceso carnal con persona.de uno u otro sexo en los casos siguientes; 19 Cuando la víctima fuese menor de 12 años. 29 Cuando la persona ofendida se hallare privada de razón, no pudiere resistir. 3? Cuando se usare de fuerza o intimidación" (art. 119), que es el primero que encabeza el capítulo titulado "violación y estupro Como violación atenuada —con pena de 3 a 6 años— se castiga la de la mujer honesta de 12 a 15 años, que no se halle comprendida en los dos casos últimos del precepto anterior; o, como hubiera resultado más sencillo, cuando consienta libremente. (v. el art. 12 del mismo cód.) Se configura especialmente la simulación marital rnnciWfruHn HA niolnrión sin más n prudencia esp., por el engaño de que puede ser víctima la mujer, sobre todo por la nocturnidad y el silencio utilizados por el violador. En efecto, el art. 121 del cód.
    cit. impone penas de 3 a 6 años de prisión o reclusión al que abuse de mujer casada fingiéndose su marido.
    La violación agravada surge por efecto de combinarse con el incesto (v.e.v.), al cometerla algún ascendiente, descendiente, afín en línea recta, hermano, sacerdote o guardador legal de la víctima; por el abuso de superioridad, al concurrir dos o más personas que actúan hábilmente para sujetar a la víctima, y en ocasiones a la espera de un turno denigrante; y también por lesiones, si el hecho causa grave daño en la salud de la mujer. La pena es entonces de 8 a 20 años de prisión o reclusión (art. 122).
    En caso de violación con homicidio, la pena es de 15 a 25 años de prisión o reclusión (art. 124).
    La acción derivada del delito de violación es dependiente de instancia privada, siempre que no resulte la muerte de la víctima o gfave lesión de la misma. Por ello, no se procederá a la formación de causa sino por acusación o denuncia del agraviado o de su tutor, guardador o representante legal. Sin embargo, se procede de oficio cuando el delito se cometa contra un menor que no tenga padres, tutores ni guardador, o si el violador es uno de ellos (art. 72 del cód. cit.).
    La violación ofrece la dificultad de la prueba; porque desde antaño ha habido pérfidas mujeres que, tras consentir en el acceso carnal, se han presentado como víctimas. Por ello, algunas legislaciones, según declara Escriche, en vocablo al que dedica cuatro líneas exactas, han prohibido admitir .quejas de la violencia, no siendo evidente y real.
    La medicina legal trata esta materia con amplitud que no cabe sino indicar muy sumariamente aquí.
    Estima que la edad y el estado de la mujer, influyen decisivamente en la apreciación de la fuerza. Así, se estima que con niñas menores de 6 años resulta imposible prácticamente la violación, por inhabilidad natural para la cópula. En las de 7 a 12 años, suelen ser manifiestas - las lesiones. En las solteras en caso de desfloración, además de los signos típicos, concurren vestigios de presión o resistencia en las manos, rodillas, boca y cuello, además de arañazos en diversos lugares del cuerpo. Las casadas y las viudas ofrecen la máxima complicación, por haber practicadojustamente el débito. En ellas, además de la protesta personal vehemente e inmediata, o los testigos, que ratifiquen los vestigios del acto sexual, cabe la prueba del contagio venéreo, si el violador padecía algún mal de esa - índole, y sobre todo la de las lesiones que la víctima haya podido inferir al agresor antes de ceder por la fuerza a su ultraje.
    En aspectos colindantes con el delito, como los procesales, el Cód. Pen. esp. dispone que, en caso de violación, pueda procederse sin más que la denuncia de la víctima, del cónyuge, de los ascendientes (se omiten los descendientes), hermano, tutor o representante legal o guardador de hecho. Si se trata de una menor de 16 años, cahe que el fiscal proceda por denuncia de cualquier junta protectora de la infancia o de un tribunal de menores. Además, el fiscal, por fama pública —como se decía en textos legales anteriores—, puede denunciar, y el juez de instrucción procederá de oficio, si se considera oportuna la defensa de la persona agraviada y ésta se encuentra totalmente desvalida.
    La violación se extingue penalmente por el perdón expreso de la víctima, cuando sea capaz legalnr»Anf A ñora «Un- v KA ¿A ENVTRACAARCA ei nn «A Ka fallado la causa; o libertar sin más al que esté cumpliendo condena. Se admite también el perdón presunto, pero sólo por el casamiento de ofensor con la ofendida (art. 443 del Cód. Pen. esp.).
    Como efectos civiles del delito de violación, el culpable está obligado: ]9 a dotar a la víctima, si fuera soltera o viuda: 29 a reconocer a la prole, si la ley civil no lo impide (y no se opone, puesto que el art. 135 del Cód.
    Civ. se remite a lo que en esto disponga la ley penal); 39 a mantener a la prole.
    Por una patente injusticia, como no habido dentro de matrimonio, la ley considera como natural al hijo que pueda tener la violada, si hubiera podido casarse con el violador en el momento de la violación; y como ilegítimo pleno, si alguno de ellos era casado o concurría alguna otra circunstancia obstativa. Ello es cruel para con la mujer, que pese a todo, puede querer al fruto forzoso de sus entrañas y debe considerarlo no legítimo, aun no siendo ella en absoluto culpable, aun habiendo luchado contra ello. Por analogía con los matrimonios nulos donde hay buena fe, al menos en uno de los supuestos cónyuges, en que los hijos disfrutan de los derechos civiles, sería equitativo que la víctima de la violación y por ello madre, pudiera tener el consuelo de la legitimidad de su prole, para no llevar al fruto la deshonra —muy relativa, por resistida— que la sociedad vuelca sobre la madre. Y a ello coadyuvaría también —pues ahí cabe legitimar una real ilegitimidad— el precedente de que la ley. cierra los ojos, para no investigar demasiado, en el caso de violación de una casada, por las grandes probabilidades de que sea el padre el marido, (V. VIOLACIÓN DE PROSTITUTA.) VIOLACIÓN DE PROSTITUTA. Acto carnal con una mercenaria del amor físico y contra la voluntad de ella, o en estado que no pueda resistirlo o darse cuenta del mismo.
    El acceso forzado con una prostituta ofrece peculiaridad penal notable, ya que las rameras tienen precisamente por profesión la cópula y por hábito no elegir a sus fugaces amantes. De ahí, que la resistencia aparezca como cierto quebrantamiento de su inmoral deber. Por el contrario, el que yace en tales condiciones con ella, no trata en rigor de ofender la honestidad de la mujer en general ni la de la prostituta en particular, sino gozar de una facilidad por lo común no negada, ni siquiera al mismo "violador" en oportunidad anterior.
    Los códigos penales suelen guardar silencio al respecto, con lo cual plantean un problema de interpretación a los juristas y a los tribunales.» La simple lectura de los preceptos que castigan la violación de mujer (v.e.v.) conducirían sin más a la condena de ese "violador"; pero sin duda sería una visión en extremo miope, porque basta advertir que tal delito figura en los cuerpos legales en título o capítulo dedicado a los delitos contra la honestidad y en prostituta auténtica es inexistente. Así, pues, uno de los dos elementos que en la violación concurren —la ofensa de la moral de la víctima y el atropello de su voluntad o abuso de su estado de indefensión material o mental— no se da; queda, sí. el otro, el de la coacción (v.e.v.), ya que se obliga a una persona a hacer por la fuerza lo que sin ella no hubiera aceptado! De no utilizarse la fuerza y sí la sorpresa (en la dormida o enferma) habría que inclinarse a castigar tan sólo, si . acaso, la vejación injusta (v.e.v.), o concluir sin inás por la absolución, dado el presunto consentimiento que para yacer carnalmente con ella tienen extendido las prostitutas a cuantos quieren satisfacerles sus "desHa de excluirse, pues, salvo expreso precepto legal, que quepa imponer condena por delito contra la honestidad sr esta la invoca quien a ella ha renunciado.
    No obstante, dentro del Cód. Pen. esp. de 1870 reproducido en esta materia con variaciones muy escasas en 1932 y en 1944, el Trib. Supr. declaró que la condición de honesta no se requería en la víctima; pero tampoco se especificaba que fuera precisamente una prostituta que tiene por profesión y relativo deber realizar lo obtenido por la fuérza o sorpresa; y existen abismos morales dentro de las mismas mujeres deshonestas, cuyo peldaño inferior lo integran las profesionales de baja estofa. En la práctica, el problema se atenúa porque rara vez tales "víctimas* se escandalizan del hecho, y menos arrostran los gastos y la publicidad de un juicio.
    En esto con buen criterio, el texto penal esp. de 1928, en su art. 600, preveía expresamente la "violación de prostituta", que castigaba con prisión de 1 a 3 años, como atentado contra la libertad sexual. Algunos comentadores de este texto, anulado en 1931, estimaban que, en realidad, no se atenuaba la penalidad de la violación, ya que este concepto y el de prostitución, como ataque a la honestidad, parecen incompatibles; sino que se aumentaba la sanción por las coacciones, vejámenes o lesiones, única cosa lógicamente punible en tal situación.


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