Definición de trabajo de los extranjeros  



    La actividad desplegada por el trabajador extranjero (v.e.v.) plantea estos problemas laborales: a) protección del trabajador nacional que emigra para trabajar; b) limitación del trabajo de los extranjeros en el territorio nacional; c) protección igualitaria del trabajo de los extranjeros con respecto a los nacionales. Por efecto del patriotismo en unos casos y del nacionalismo en otros, esta cuestión se mueve entre dos impulsos contrapuestos: la preocupación para establecer garantías de que el nacional no sufra detrimento ni quede eliminado de los beneficios laborales cuando va al extranjero; y la actitud defensiva, por preocupar que la inmigración de extranjeros pueda rebajar las condiciones de trabajo o las normas de vida de los trabajadores nacionales o disminuir sus posibilidades de trabajo.
    Con respecto a la emigración del trabajador, su Estado y gobierno tienden a que antes de salir del país tenga contrato legalmente extendido y éficaz, para no tornar aventura su viaje; además se asegura el pago del transporte, a la ida y al retorno; se prohibe la contratación de menores de 18 años, para evitarles fáciles explotaciones... y para que no puedan burlar con facilidad las leyes del servicio militar. Se ha de pactar un salario remunerador, y no inferior al de los naturales del país donde se vaya. Se niega la autorización para ausentarse a los que deban pensiones alimenticias, si existe condena judicial o administrativa al respecto. Se estipula por lo común que el trabajador pueda hacer llegar a su familia, de no acompañarlo, parte de sus haberes, para el sostenimiento de la misma.
    Ante el extranjero que pretende trabajo, frente a la libertad e igualdad de antaño se van erigiendo sucesivos obstáculos y aun prohibiciones. El extranjero podía trabajar y ser empleado, salvo cláusulas legales restrictivas, no relacionadas con el Derecho de Trabajo, sino por razones de seguridad o policía. Las restricciones inmigratorias no tenían que* ver con el - trabajo de los extranjeros; pues ha de partirse del principio de que todo trabajador extranjero ha entrado legalmente en el país; pues, ert otro supuesto, no existe prohibición de trabajar, sino de permanecer en el país, como medida de Dolicía tan sólo, ajena al trabajo.
    En los Estados Unidos, al establecer en Arizona que el 80 % de los trabajadores de las empresas debían ser naturales del país, se produjo un notable fallo de la Corte Suprema, que declaró inconstitucional esa medida; por cuanto el derecho a buscar trabaio y a trabajar, tratándose de ocupaciones comunes, es de la esencia de la libertad personal. La Constitución, que garantiza ésta, se convertiría en pura palabrería si, por razones de nacionalidad, se suprimiera ese derecho, a alguna persona que habita legalmente en el país. Establecer distingos en ese sentido —dice la Corte— es tanto menos admisible por cuanto se perjudica precisamente a personas que han llegado al país para trabajar, con el permiso del mismo Estado, y que necesitan trabajar para vivir.
    Alberdi, el pensador argentino tan favorable a la emigración y que, cual supremo lema de las naciones nuevas de América lanzó su frase "Gobernar es poblar", declara que abrirle la puerta a los extranjeros y no permitirles desenvolverse, es construir una trampa, no organizar un Estado. Así dice, "tendréis prisioneros, no pobladores; cazaréis a unos cuantos incautos, pero huirán los demás".
    Sin embargo, un sistema regresivo se está instaurando y extendiendo no sólo en los países del Viejo Mundo, recargados de población, sino en los despoblados del Nuevo Mundo, a fin de establecer un tanto por ciento elevadísimo de trabajadores nacionales en las empresas, que llega a aberraciones como las de imponer límites en la enseñanza de lenguas extranjeras precisamente y en la composición de grupos artísticos representativos de un país.
    Tales medidas se adoptan a favor de un falso nacionalismo y por odio al extranjero; y si en el momento, lo cual resulta dudoso, dan resultado, hace falta que el beneficio nacional se mantenga más adelante, cuando los países de extensos territorios traten de fomentar una inmigración que les resulta tan necesaria. Tales restricciones xenófobas revelan un nacionalismo decadente, pues impiden el crecimiento de la población y el desarrollo integral de las riquezas del país, objetivo únicamente consegui- ble con suficiente número de brazos. Poblete Tron- coso destaca la injusticia, la ingratitud y el olvido de esa actitud en América, donde el industrial de hoy es el inmigrante de ayer; y donde el patrono ha sido antes obrero.
    En los pueblos europeos, las limitaciones a los extranjeros tienden a la identificación y la autorización previa; aunque algunos países, como Francia, hayan dado muy malos ejemplos, especialmente con los refugiados, al limitarles el trabajo y al negarles iguales derechos que a los demás extranjeros.
    En América, la Argentina declaró en su Const. de 1949 que todos los habitantes de la nación (la de 1853 dice expresamente "los extranjeros") gozan de los derechos de trabajar y ejercer toda industria útil y lícita, de comerciar, de asociarse con fines útiles, de enseñar (art. 26). El Uruguay y los Estados Unidos se encuentran también entre los pueblos que no restringen el trabajo de los extranjeros.
    Por el contrario, en las Constituciones, en las Leyes generales o Códigos de Trabajo, otros países fijan este mínimo de trabajadores nacionales: el Brasil, el 66 %; Santo Domingo, el 70 %; Colombia, Nicaragua, Panamá y Venezuela, el 75 %; El Salvador y el Perú, el 80 %; Bolivia y Chile, el 85 °/c; Costa Rica, Guatemala, México y Paraguay, el 90 9c. Este último país eleva el porcentaje al 95 cuando se trata de empleados en empresas; y Cuba prohibe que los extranjeros ejerzan profesiones que requieran título oficial, y aun naturalizados precisan 5 años de residencia.
    En esta materia, constituye aspiración doctrinal la Recomendación adoptada por la O. I. T. en 1919, al señalar la conveniencia de que los Estados miembros aseguren, "sobre la base de reciprocidad y en las condiciones convenidas de común acuerdo entre los países interesados, a los obreros extranjeros ocupados en su territorio, y » sus familias, el beneficio de las leyes y reglamentos de protección obrera; así como el .goce del derecho de asociación reconocido en los límites legales a sus propios obreros".


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