Art. 2313 del Codigo Civil y Comercial


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    TITULO IV - Petición de herencia >>
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    Reglas aplicables. Se aplica a la petición de herencia lo dispuesto sobre la reivindicación en cuanto a las obligaciones del poseedor de buena o mala fe, gastos, mejoras, apropiación de frutos y productos, responsabilidad por pérdidas y deterioros. Es poseedor de mala fe el que conoce o debió conocer la existencia de herederos preferentes o concurrentes que ignoraban su llamamiento.

    I. Relación con el Código Civil. Fuentes del nuevo texto

    La acción de petición de herencia se encontraba caracterizada en el art. 3423 del anterior Código Civil mediante el cual fijaba la legitimación activa y pasiva de la misma estableciendo que la acción de petición de herencia se da contra un pariente del grado más remoto que ha entrado en posesión de ella por ausencia o inacción de los parientes más próximos; o bien, contra un pariente del mismo grado, que rehúsa reconocerle la calidad de heredero o que pretende ser también llamado a la sucesión en concurrencia con él. Es decir que se conjugan dos situaciones claras, la intención de un heredero de ser reconocido como tal y la negativo de quien ostenta tal calidad en un grado igual o más lejano que el pretensor. Dentro de los arts. 3426/3427 y 3428 en su anterior redacción, se dejaba establecido el régimen de responsabilidad y de deberes de restitución del heredero aparente o de quien fuera en su caso desplazado de su calidad heredero en virtud de una acción de petición de herencia. También fijaba los conceptos de apariencia con buena y mala fe y sus alcances en uno y otro caso. En dicho régimen, el tenedor de buena fe de la herencia no debía ninguna indemnización por la pérdida, o por el deterioro que hubiese causado a las cosas hereditarias, a menos que se hubiese aprovechado del deterioro; y en tal caso por sólo el provecho que hubiese obtenido. Por su parte y de forma diferente, el tenedor de mala fe estaba obligado a reparar todo daño que se hubiere causado por su hecho y a responder de la pérdida o deterioro de los objetos hereditarios ocurrido por caso fortuito; en este caso existía una excepción que era que la pérdida o deterioro hubiese igualmente tenido lugar si esos objetos se hubieran encontrado en poder del heredero desplazante. Respecto del régimen de restitución de frutos, productos y mejoras de los bienes del acervo, se remitía al régimen general de poseedores de buena y mala fe. Por último definía (art. 3428) las conductas que podían considerarse como tipificantes de la mala fe. Decía el artículo que el poseedor de la herencia era de buena fe cuando por error de hecho o de derecho se cree legítimo propietario de la sucesión cuya posesión tiene. También exceptuaba de la calificación de mala fe, a los parientes más lejanos que toman posesión de la herencia por la inacción de un pariente más próximo. Pero calificaba como herederos aparentes de mala fe, a los que conociendo la existencia del pariente más próximo, saben que no se ha presentado a recoger la sucesión porque ignoraba que le fuese deferida. Es decir, como elementos tipificantes aparecían dos elementos, el conocimiento de la existencia de herederos concurrentes o preferentes y el conocimiento de la ignorancia por parte de aquél de la apertura de la sucesión a la cual tenía vocación. No sólo conocía la existencia de otros herederos con posibilidad de desplazarlo, sino que ocultaba tal conocimiento. Fuentes: Código de Quebec, art. 627; Proyecto de 1998, art. 2255.

    II. Comentario

    Como previo a abordar el análisis del artículo citado y los que a continuación se transcriben, vale recordar el concepto del heredero aparente como instituto propio del derecho sucesorio. Se llama heredero aparente a quien se encuentra en posesión de la herencia y por haber obtenido declaratoria de herederos a su favor o la aprobación de un testamento, actúa como heredero real. Luego los hechos demostrarán que no lo es, que no tenía título para suceder al causante: será vencido en la acción de petición de herencia, o quizá, sin necesidad de pleito, hará entrega de los bienes cuando otra persona le demuestre su mejor derecho a la sucesión. Para Zannoni, el heredero aparente está definido en el art. 3423 del Cód. Civil y sería el pariente de grado más remoto que ha entrado en posesión de la herencia por ausencia o inacción de los parientes más próximos, o un pariente del mismo grado que rehúsa reconocerle la calidad de heredero pretendiendo ser también llamado a la sucesión en concurrencia con él. Lo cierto es que la definición y el concepto del heredero aparente, toma relevancia al momento de analizar los actos realizados por aquél en calidad de titular de la herencia y, por sobre todo, el carácter de heredero aparente de buena o de mala fe. Con los efectos propios que cada una de las dos situaciones genera en su relación con el nuevo o el real heredero peticionante. Al igual que su precedente, este artículo ensaya la definición de la conducta que impone la calificación de mala fe en el heredero que está en posesión de la herencia. En este caso, la definición propuesta en la norma actual resulta concisa y clara e incluye los dos elementos tipificantes de la conducta dolosa del heredero que oculta la existencia de otros herederos en grado igual o preferente. Hasta acá de similar redacción al artículo anterior, el art. 3428, pero el problema que puede suscitarse con el artículo en análisis es que su redacción incluye no sólo al heredero que conocía la existencia de herederos concurrentes o preferentes, que ignoraban su llamamiento, sino también al que debía conocerlo. Primero impone el conocimiento de la existencia y, además de ello, el desconocimiento por parte de aquéllos del llamamiento deferido a su favor. Lo que no resulta claro es el deber de conocimiento al referirse a "conocía o debía conocer". ¿Cuál es el alcance del deber cuestionable en este caso? Hasta donde el heredero con un derecho actual tiene el deber de conocer sobre la existencia de posibles herederos concurrentes o preferentes. Dentro del contexto familiar conviviente sería casi una obviedad el conocimiento de la existencia de sus integrantes, pero ¿hasta qué punto existe un deber de conocimiento en el caso de familias provenientes de un mismo causante, sucesivas en el tiempo, cuando no existía un vínculo reconocido? Este deber de conocimiento, por los efectos de su imposición, conlleva que el desconocimiento de la existencia de otros herederos, resulta inexcusable. Es decir que se desconoce la existencia de un pariente del causante, que "debía conocerse". Parece poco feliz la redacción de la norma, que llevada a la casuística propia de la praxis sucesoria, nos puede poner frente a cuestiones que responden a un contexto particular de las relaciones de familias, con las particularidades propias de cada núcleo familiar, y mucho más aún en estructuras familiares complejas (familias ensambladas), en donde resulta difícil determinar el grado de vínculo existente como para poder asegurar que tal o cual vínculo de parentesco "debía" ser conocido. Creo que es una regla que no aporta la misma seguridad y certeza que se ha logrado con el resto del articulado, y que ese deber de conocimiento excede ya el marco probatorio procesal y entra en el concepto de "obviedad", para su calificación, con la consecuente vaguedad de su determinación. Creo entonces que lo importante y determinante seguirá siendo, a los fines de establecer si el heredero en posesión de la herencia actuó con buena o mala fe, el ocultamiento doloso de la existencia de otros herederos, concurrentes o preferentes, con la salvedad de que el heredero no poseedor de la herencia debe desconocer el llamamiento, ya que de conocerlo y no activar su aceptación, tampoco ello sería imputable al poseedor. Es decir que la inacción de parte del heredero que siendo deferido en una sucesión y sabiéndolo, se mantiene inactivo. Ello no puede ser atribuido al poseedor que ha ejercido su vocación en forma concreta. De esta forma, todas aquellas situaciones que no encuentren sustento en conductas como las descriptas, serán consideradas de buena fe. Entre estas situaciones deben considerarse de buena fe a aquellos herederos que poseen en razón de un error de hecho o de derecho, que resulte excusable. Quedan excluidos, claramente, aquellos que incurren en conductas netamente fraudulentas como la falsificación de testamento, o el ocultamiento de testamento en el caso de parientes colaterales, que saben de la existencia de un testamento que instituye herederos. Efecto de la petición de herencia Los arts. 2312 y 2313 reflejan los efectos inmediatos y naturales de la aceptación de la acción de petición de herencia, para la relación del heredero aparente con el nuevo heredero. Genera de inmediato la obligación del heredero que está en posesión de la herencia de devolver los bienes sucesorios al nuevo heredero y extiende la obligación a los cesionarios de los herederos desplazados. Para ello, el instituto remite a la aplicación de las reglas instituidas en la acción de reivindicación en cuanto al poseedor de buena o mala fe. Es decir que en caso de ser posible la restitución de los bienes por parte del heredero poseedor o de su cesionario, éstos deben ser devueltos al nuevo heredero declarado o reintegrados al caudal relicto, en caso de que exista una concurrencia de herederos, a los fines de procurar la tramitación particionaria de aquéllos. Es decir que se reproduce el efecto establecido ya en la legislación anterior, en donde el tenedor de la herencia debía entregarla al heredero con todos los objetos hereditarios que estén en su poder, y con las accesiones y mejoras que ellos hubiesen recibido, aunque sean por el hecho del poseedor. Extiende de forma expresa los efectos de la obligación de restituir a los cesionarios de los herederos, quienes deberán devolver los bienes y sus mejoras aunque sean por hechos del poseedor. También prevé de forma expresa una cláusula indemnizatoria para el caso de que no pueda hacerse la restitución en especie. En esta situación deberá preverse también, que la imposibilidad sea o no atribuible al poseedor (ello se reflejará en el alcance de la indemnización), será por el valor de los bienes hereditarios y, en su caso, corresponderá además indemnizar los beneficios caídos y los posibles accesorios que correspondan. También resulta determinante el carácter de poseedor hereditario de buena o mala fe y a los efectos de sus consecuencias, la norma nos remite a los efectos propios de la acción de reivindicación. Y, a su vez, a las pautas generales establecidas en los artículos referentes a la posesión de las cosas, tal como lo adelanté en los párrafos precedentes y todos estos preceptos analizados se ven reflejados también en la nueva legislación.

    III. Jurisprudencia

    1. No cabe imputarle mala fe a la heredera y responsabilizarla por la falta de citación al coheredero en tiempo oportuno, si conforme surge del sucesorio y es reconocido por la parte actora, la citación se produjo, se presentó en el sucesorio y fue declarada heredera, valiéndose de una partida de matrimonio presentada por la hija del causante. Si la inacción de la cónyuge inocente heredera del causante a partir del momento que tomó conocimiento de la muerte produjo algún daño, éste se debe a la propia torpeza, ya que no ha mostrado interés en hacer valer en forma oportuna sus derechos hereditarios (Sumario 21.893 de la Base de Datos de la Secretaría de Jurisprudencia de la Cámara Civil) (CNCiv., sala K, 1/3/2012). 2. Tanto el antiguo art. 3430 del Cód. Civil como el actualmente vigente, declaran válidos los actos de enajenación hoy de disposición que hubiese efectuado el poseedor de la herencia, con tal que el tercero adquirente sea de buena fe. En este sentido, resulta totalmente indiferente que, para la validez del acto, el heredero aparente hubiese actuado de buena o mala fe, ya que el único requisito para que el acto no caiga es que el tercero adquirente sea de buena fe. No deja de ser heredero aparente el que dolosamente se ha creado un título de estado que no le corresponde. Igualmente sus actos son válidos respecto del tercero de buena fe, porque lo que la ley protege es al tercero (art. 3430 del Cód. Civil) y, por consiguiente, la seguridad de los negocios (Conf. Borda Tratado de Derecho Civil Argentino - Sucesiones , t. 1 p. 352. nro. 489). Ello sin perjuicio de la distinta responsabilidad que le pueda caber al heredero aparente frente a los reales herederos cuando ha actuado de buena o mala fe cuyas consecuencias se desprenden de la norma mencionada (Tipo de Fallo: L; CNCiv., sala F, 22/12/1993). 3. Si no se prueba la mala fe del heredero aparente (art. 3430 del Código Civil), sólo puede admitirse la restitución al coheredero omitido de la parte proporcional del precio percibido por la venta efectuada por aquél, pues es una deuda dineraria y no de valor (Sumario 16.895 de la Base de Datos de la Secretaría de Jurisprudencia de la Cámara) (CNCiv., sala J, 28/9/2005, ED del 5/4/2006, p. 3. Tipo de Fallo: L).

    Comentario Infojus del Art. 2313 del C.C.C.N

    El articulo-2313, se relaciona con el/los artículo/s antiguamente en el Código Civil Velezano
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    Artículo actualizado vigente de la Republica Argentina
    Fecha de vigencia: apartir del 1 de Agosto del Año 2015
    Fuente de información: infojus: Fuente: Infojus Codigo Comentado
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