Definición de esclavitud


    El estado del esclavo; la condición jurídica de la persona considerada como cosa o semoviente, y sometida a la propiedad plena de su amo. En esta institución antiquísima, en total decadencia hoy día, -aunque no extinguida, cual suele creerse, se considera a ciertos hombres bajo el dominio de otros, sin reconocerle finalidad propia, por integrar tan sólo medios para el cumplimiento de los fines de aquellos a los cuales están sujetos.
    En el presente, la esclavitud la juzgamos monstruosa, e incluso resulta inconcebible que se haya mantenido durante tantos siglos; pero para comprenderla conviene tener en cuenta que en un principio significó, si no una necesidad, sí cierto adelanto. En efecto, luego de surgir la esclavitud paralelamente al trabajo subordinado, y para procurarse nuevos trabajadores gratuitos, salvo la mísera manutención a que obligaban, recurrieron los pueblos a reclutar los esclavos entre los vencidos y prisioneros. Y en este aspecto, entre las dos terribles consecuencias de matar al enemigo indefenso o de conservarle la vida a costa de la libertad, existe, al menos materialmente, un progreso considerable. Ihering resume brillanEn T? Pr°/eS0 COn,las si6uientes palabras: "La historia del poder en el mundo es la historia del egoísmo; pero el egoísmo debe adquirir juicio v aprovechar la experiencia del pasado. La esclavitud señala el primer paso enaste camino.
    modo, pese al dispar criterio femenino de todos los tiempos. En esta esclavitud pesaba la fuerza bruta y el más descarnado de los egoísmos, que imponía a la mujer, ser por lo general más débil, las tareas más ingratas o penosas; y este fenómeno se señala apetias el hombre advierte que la mujer puede usarse para fines distintos de los sexuales. En ese sentido, Nicolai afirma que la mujer, la débil, la esclavizada, es la que ha iniciado el trabajo sobre la tierra, con la agricultura, y con ello su cultura. Posteriormente, el fardo que pesaba sobre los hombros de las mujeres pasó a los esclavos, a los vencidos. Iniciada la propiedad del hombre por el hombre, se desarrolla y perpetúa alimentada principalmente por la guerra; pero no es éste el único manantial. Se sumaron a él la multiplicación de los propios esclavos, por el nacimiento de seres obligados, como sus progenitores, a la servidumbre, por lo que se ha llamado crudamente "el crecimiento anual del ganado humano". Fuente importante de la esclavitud la constituyó también la venta de niños y de adultos nacidos libres. Por último, la esclavitud provenía de la pena, como castigo para ciertos individuos que dejaban de ser libres por sus propios actos o que incurrían en infracciones así castigadas, o que eran reducidos a ella por causas especiales, como la insolvencia.
    La esclavitud no ha sido solamente una desgracia o vergüenza humana, casual oriaevitable; ha encontrado defensores sutiles entre los genios más esclarecidos de la Antigüedad, como Aristóteles y Platón; probablemente influidos por el ambiente. Aristóteles, en su Política, dice: "Hay quien pretende que el poder del señor sobre el esclavo es contrario a la Naturaleza, y que ésta no establece diferencia alguna entre los hombres, que sólo por virtud de la ley son los unos libres y esclavos los otros, y que por lo mismo la esclavitud, hija de la violencia, es una iniquidad; pero si se nota que la propiedad es un elemento esencial de las familias y necesariamente del Estado, puesto que los hombres tienen necesidades y precisan medio? de satisfacerlas; si se considera que la sociedad es inútil sin instrumentos adecuados, y que estos instrumentos pueden ser animados o vivientes, resultará que no sólo son necesarios a la propiedad, sino que ellos mismos forman parte de la propiedad. De donde se sigue que esclavo es aquel hombre que, por ley de la Naturaleza, no se pertenece a sí mismo; que, aun siendo hombre, pertenece a otro, el hombre de otro hombre. La Naturaleza ha hecho necesaria» para el cumplimiento de toda acción, la unión de la autoridad y de la obediencia, y ha establecido que los seres más perfectos manden a los menos perfectos; por ejemplo, el hombre a los animales, el alma al cuerpo, y derivando así la autoridad de la Naturaleza, es tan útil al que obedece como al que manda. Ahora bien; si hay hombres tan diferentes de los otros hombres como pueden serlo los brutos, es justo y útil para ellos obedecer perpetuamente. Y que hay hombres de esta clase, que no tienen más razón que la absolutamente precisa para comprender la razón de los demás, es indudable; tales son los que se emplean exclusivamente en el trabajo corporal, que no pueden pertenecerse a sí mismos, y son por lo mismo esclavos por naturaleza. La Naturaleza ha hecho también los cuerpos de los hombres libres diferentes de los de los esclavos, dando a éstos fuerza bastante para los rudos trabajos de la sociedad, y haciendo a aquéllos incapaces de enporvar su cuerpo a esos trabajos; y aunque a veces sucede lo contrario, en tales casos los unos no tienen de hombres libres más que el cuerpo, como los otros no tienen más que el alma".
    Todos los pueblos antiguos, la China, la India, Persia, Asiría, Palestina, Egipto, Grecia y Roma conocen la esclavitud y se benefician de ella; pues le encomiendan el trabajo, concebido como castigo y estigma. En el Código de Hamurabí, rey de Babilonia, unos 2.000 años antes de la Era cristiana, se habla de tres clases sociales: los hombres libres, los muchkinu (o clase media, que diríamos hoy) y los esclavos. La esclavitud révestía dos formas: la doméstica, originada por el nacimiento de madre esclava y en el caso de esposa de conducta irregular no repudiada por su marido; y la patrimonial, unas veces voluntaria, como cuando el deudor insolvente pagaba con la servidumbre de su mujer y de sus hijos; y otras veces involuntaria, por la compra y venta de esclavos y por el apoderamiento del deudor insolvente, permitido a su acreedor. Estos esclavos podían casarse con personas libres, ejercer el comercio, intervenir en depósitos, ser agentes de cambio y poseer peculio propio.
    En la Biblia se mencionan de manera directa o indirecta los esclavos. Salomón contaba con 70.000 hombres para conducir los materiales y con 80.000 para tallar las piedras y las montañas, que le permitieron levantar el templo grandioso de Jerusalem. Las dos formas de esclavitud admitidas • fueron el esclavo extranjero (eved-kenaani) y el esclavo judío (eved-ivri). El trato que se dispensaba a éstos era, naturalmente, más benigno. Su manumisión se producía en el año sabático; o sea» que no podía durar más de seis años la esclavitud. Por el contrario, los extranjeros no se liberaban sino en el año del jubileo, cada 50 años.
    En Roma, la esclavitud se desenvolvió rápidamente; pues en los primeros tiempos de la República, se contaban ya 40.000 esclavos, un octavo de la población total. Pero ese número aumentó muy considerablemente después de la segunda Guerra Púnica, hasta superar al de hombres libres, y constituir «motivo de preocupación para las clases dominantes. Aunque el esclavo carecía de derechos o los adquiría en circunstancias excepcionales, era considerado como miembro de la familia. Además de ocuparlos en las labores domésticas y en la agricultura, constituyeron factor de progreso industrial; y ciertos romanos llegaron a ser propietarios de millares de esclavos, empleados en manufacturas. Ello permitió incluso producir al por mayor en ciertas actividades. Así, en lo que hoy se llama imprenta, el capataz leía el manuscrito éh alta voz, y centenares de esclavos escribientes copiaban lo dictado; de modo que la edición de un libro se hacía más rápidamente en la antigua Roma que hoy en un país donde las imprentas trabajan todavía según patriarcales costumbres. Con alternativas de severidad, los esclavos fueron adquiriendo cierttos derechos, como el de su- peculio o pequeño caudal, que les permitía dedicarse al comerció, a la banca, a las artes mecánicas; y con ello, enriquecidos algunos, lograban la manumisión y alcanzaban la ciudadanía.
    Más aún: los esclavos llegaron a ser, sin alcanzar la libertad por eso, señores de otros esclavos, (v. "VicARIUS". ) En dos grupos principales pueden clasificarse las causas de la esclavitud en Roma: 19 Las del Derecho de Gentes, que comprendían: a) la cautividad, ya que el vencido quedaba al arbitrio del vencedor; b) el nacimiento, pues el hijo seguía la condición de la madre, y la esclava procreaba hijos esclavos. 29 Las del Derecho Civil, más numerosas, y que se citan así: a) el sorprendido en flagrante delito de robo quedaba esclavo del propietario; b) el deudor condenado al pago, si no cumplía en el plazo señalado, pasaba a esclavo del acreedor; c) Servio Tulio castigaba con la esclavitud al que se sustrajere al servicio militar o no se inscribiese en el censo; d) el condenado a luchar en el circo, o siervo de la pena, era esclavo del circo; e) la mujer ingenua ^ue vivía en contubernio con un esclavo, a pesar de tres amonestaciones del dueño de éste, se bacía esclava; /) el condenado a las minas era también siervo de la pena; g) el mayor de veinte años que, conocedor de su libertad, se hacía vender, de acuerdo con el supuesto vendedor, como esclavo, parfc engañar á un comprador de buena fe que entregaba el precio (pues -el fingido esclavo reivindicaba en seguida su libertad, y repartía el precio con el falso vendedor), quedaba realmente esclavo cuando se descubría el fraude; h) el liberto o manumitido ingrato con su patrono volvía a ser esclavo,.si la ingratitud había sido grave y sé probaba suficientemente.
    En resumen, puede decirse que en los tiempos antiguos el esclavo era concebido como una cosa, con un precio en el mercado. Es un instrumento de su dueño, y carece de voluntad, de posibilidad alguna para ejercer derechos; pero por él puede ejercerlos su dueño. La gran división entre hombres libres y esclavos hacía en ese mundo antiguo que los primeros fueran capaces de derechos, mientras que los segundos carecieron de ellos. Podrá decirse, con la luz que arroja el conocimiento del Derecho, que esto era monstruoso; pero fué una realidad mantenida en el mundo durante muchos siglos, hasta finales del pasado, en que todavía el Océano era surcado por las naves de los negreros que comerciaban entre las costas africanas y las de América; y peor aún es el mantenimiento de esta institución, en este siglo, por parte de algunos países en Africa que, sometidos a los Estados europeos, conservañ la institución de la esclavitud, principalmente en lo que hace relación a la compra de mujeres.
    Se debió mucho al cristianismo la regeneración de ciertos conceptos. Como dice Garriguet, en El valor social del Evangelio, "nadie se imaginaba que el esclavo era un ser de la misma naturaleza y poseía un alma semejante a la de sus dueños". El cristianismo, al dignificar el trabajo, realizó su gran obra. San Pablo decía en la Epístola II a los Tesa- lonicenses, que " en ninguna parte hemos comido nuestro pan gratuitamente, sino merced a nuestras fatigas y trabajos, a fin de no gravar a nadie; no porque no tuviéramos derecho de hacerlo, sino para servir de modelo y ser imitado por vosotros. Porque, aun cuando estábamos con vosotros, os denunciábamos esto: que si alguno no quiere trabajar, que no coma" A la caída del Imperio romano, la esclavitud fué evolucionando. Contribuyeron a ello múltiples razones. Además de la templanza de costumbres introducida por el cristianismo, las uniones de sangre favorecieron la manumisión de los hijos de las es clavas, que con frecuencia lo eran también de los señores. Asimismo, el nivel cultural de los esclavos coadyuvó a liberarlos; pues si al salvaje cabía equipararlo con el animal, si el análisis era poco escrupuloso, no se concebía tal asimilación cuando el esclavo tenía tanta cultura como su amo. La mitigación se concreta con el colonato, forma de explotación del suelo y del trabajo. A estos esclavos rústicos (estrictamente, o sea del campo), les fueron entregadas por sus dueños las tierras menos fértiles, para que las cultivasen. Al cabo de algún tiempo, merced al propio trabajo del esclavo, éste pasó a ser libre en lo que hacía relación con el señor o amo; pero quedaba ligado a la tierra, incorporado a ésta. El colono tenía ciertos derechos, y el señor ciertos deberes para con él. No podía despedirlo de la propiedad que ocupaba, ni exigirle otras prestaciones que las estipuladas. La servidumbre a la tierra, los llamados siervos de la gleba, se han mantenido durante más tiempo aún que la esclavitud, y a principios de este siglo aún esta institución se conservaba en ciertas zonas de la Rusia zarista. La misma o parecida servidumbre se ha conocido en América después de la conquista, e incluso en la época de la independencia. Los pongos en Bolivia y los na- bonos en México señalan precisamente la servidumbre en que se encontraban ciertas clases sociales, al punto de venderse la propiedad rústica con los hombres que en ellas se encontraban asentados.
    En la Europa medioeval, el tráfico de esclavos continúa, aunque en menores proporciones, hasta bien entrado el siglo xv; aunque ya en el siglo ix se había intentado vanamente, en Nápoles y en Vene- cia, abolir el tráfico de carne humana. Tales prohibiciones fracasaron debido a que no se desdeñaba traficar con los infieles, enemigos en fe y en armas, pues en el Norte de África daban el ejemplo de tratar y comerciar con los cristianos esclavos.
    En España, las Partidas se refieren a la esclavitud con un nombre más" suave: el de servidumbre, que es definida en la Part. IV, tít. XXI, ley 1* como: "establecimiento que hicieron antiguamente las gentes, por el cual los hombres, que eran naturalmente libres, se hacen siervos y se meten a señorío de otro, contra razón de natura". Había tres clases de siervos: los cautivos en la guerra, los nacidos de sierras y los mayores de 20 años que se vendían como siervos. Tas atribuciones del señor se fijan en la ley 6* del texto citado: "Poder ha el señor sobre su siervo para hacer de él lo que quisiere; pero con todo eso, no lo debo matar ni lastimar, aun habiendo dado motivo, pues debe invocar el auxilio judicial, salvo en casos muy determinados". Todavía se declara que cuanto gana el siervo es para su señor. En el tít. XXII se habla de la manera de dar la libertad el señor a su siervo. Deben contribuir a ella los propios juzgadores, ya que la servidumbre es cosa que los hombres aborrecen naturalmente (Part. VII, tít. XXXIV).
    El esclavo o siervo era merecedor de la libertad en los casos siguientes: 1 En los albores de la Edad Moderna se produce un retroceso, que interesa señalar. El descubrimiento de un nuevo continente obligó al empleo de la mano de obra negra. Los portugueses, que antes del 1492 ya comerciaban con la carne de ébano, señalaron en esta forma la ruta para los países conquistadores. África fué el depósito grandioso de esclavos. La sangría que se impuso a este conUnento costó, según Reclus, unos cien millones de vidas» y según otros autores de cuarenta a cincuenta millones.
    Conviene recordar que la esclavitud no es producto de importación en el Nuevo Mundo. El mexicano Castoreña afirma que "no falta entre los antiguos mexicanos el trabajo forzado. La esclavitud, aunque no con los caracteres de los pueblos europeos, también existió. La esclavitud era el resultado de la guerra, de penas por crímenes, de actos de voluntad, de pobreza. Aunque el prisionero de guerra era generalmente sacrificado a los dioses, podía ser .conservado como esclavo". También el autor chileno Pohlete Troncoso se refiere a la esclavitud entre los aztecas y los incas, caracterizada por la tolerancia en cuanto a los derechos de familia y a la propiedad.
    La trata de negros, forma de la esclavitud amplia en América, surgió como una defensa del indígena americano, débil físicamente para el trabajo en las minas, y también para el agrícola intensivo. En 1502 desembarca en La Española (Santo Domingo) la primera expedición de negros. En 1511, Fernando Y envió a América una cierta cantidad de negros comprados en la costa africada; y como el ensayo dió resultado, la importación de esclavos, ya consagrada, ce monopolizó por el gobernador de Breda (1518), al cual se le concedió el privilegio de importar cuatro mil negros al año. Esta primera licencia fué vendida por 25.000 ducados a una sociedad geno- vesa de comercio.
    Débese a fray Bartolomé de las Casas la iniciación de la esclavitud en las colonias españolas. Deseoso de que los indios se mantuvieran libres, señaló la posibilidad de que la mano de obra necesaria podía encontrarse en el continente africano. El error en que se encontraba lo señaló años más tarde al decir que es "tan injusta la esclavitud de los negros como la de los indios", pero el mal ya estaba hecho. Todos los países europeos, sin excepción, se lucraron con el infame comercio de los negros. Por su orden, en las colonias que mayor número de esclavos, en proporción, hubo fué en las inglesas, francesas, portuguesas, holandesas y españolas. Precisamente ha sido a España a la que más se ha culpado por el comercio de esclavos, cuando en realidad sus antiguas provincias de América se caracterizan por el mínimo de población negra.
    De 1696 a 1701 España contrató el asiento de negros (contratos que recibían este nombre) con la Compañía Portuguesa de Guinea, obligada a suministrar 10.000 toneladas de negros. Posteriormente, durante diez años (1702-1712^ el monopolio de asiento de negros se concedió a la Real Compañía de Guinea, que debía suministrar cada año 4.800 plazas de los dos sexos, que no fueran de Minos ni de Cabo Verde, cuyos indígenas no se consideraban aptos para América. Terminado ese contrato, y durante treinta años (1713-1743), la liberal Inglaterra obtuvo el monopolio de introducir en la América española 4.800 negros de los dos sexos, cada año, mediante 33 piastras y tercio por cabeza. Al negarse España a renovar el contrato, Inglaterra le declaró la guerra.
    Ya por esta época, a finales del siglo XVIII, por obra de la cultura general se promueve la abolición de la esclavitud. Como primera medida, se adopta la de la libertad de vientre, de manera tal que los hijos concebidos por mujer esclava nacían, a partir de la promulgación de las leyes que así lo dispusieron, libres. Vino a cumplirá dsí la condicional profética de Aristóteles, el gran dogmático de la esclavitud, que había declarado que "si la aguja y la lanzadera pudieran moverse solas, la esclavitud no sería necesaria". Y efectivamente, como dice Nicolai, en el mismo decenio que se inventa el telar mecánico, cae la Bastilla, y con ella la servidumbre. Transitoriamente, Francia, por decreto del 4 de febrero, de 1794, promulgado por la Convención, abolió la esclavitud. * Durante el siglo XIX,. evolutiva y progresivamente, la esclavitud va desapareciendo de la legislación positiva. México procede a declararlo así en 1827; Inglaterra, en 1833; Francia, en 1844; la Argentina, en 1853; Portugal, en 1858; España, en 1868; los Estados Unidos, después de la sangrienta Guerra de Secesión, en 1864, luego de haber comprometido tal conflicto entre los Estados del Norte y los del Sur (éstos los esclavistas), la unidad de la Nación y con ello su ulterior hegemonía, que empieza a vislumbrarse desde entonces.
    Durante el siglo xíx, el proceso que condujo a la total abolición de la esclavitud en las posesiones españolas se inicia con el tratado de 1817, celebrado con Inglaterra, para poner término a todo tráfico de negros en las costas de África; convenio que no debió de ser muy observado, cuando originó su confirmación y algunas modificaciones en 1835. Un R. D. de 29 de septiembre de 1866 concedía automáticamente la libertad a todo esclavo de Cuba y Puerto Rico que pisara, solo o con sus dueños, el territorio de la Península e islas adyacentes.
    El acto final de esta tragedia puede decirse que concluye en España con el gran movimiento liberal que significó la Revolución de 1868, y su elocuente tribuna parlamentaria de las Constituyentes de 1869. Apenas triunfante, el Decreto del 15 de octubre de 1868 declara libres, con retroactividad al 17 de septiembre del mismo año, a todos los nacidos de esclava. Luego del memorable discurso abolicionista de Castelar, la Ley del 4 de julio de 1870 ratifica el principio del vientre libre en Cuba y Puerto Rico. Los nacidos de esclava eran adquiridos en 125 pesetas (como indemnización al antiguo dueño) por el Estado; y, como todos los esclavos pertenecientes a éste, quedan libres. La libertad alcanza, sin indemnización, a todos los de 60 años cumplidos, y a los que fueran cumpliendo tal edad; también, a cuantos hubieran servido bajo las banderas españolas. Para aleccionarles y protegerlos en su cambio de la esclavitud a la libertad, se les dejaba provisionalmente en patronato, especie de tutela, cuando fueren menores de 22 años.
    La Primera República, pese a su brevedad y las convulsiones que se le suscitaron, se honra con la Ley del 22 de marzo de 1873, que abolía para siempre la esclavitud en Puerto Rico, con una transición consistente en celebrar contratos de tres aros de . trabajo con sus antiguos dueños o con el Estado. Éste indemnizaba a los anteriores propietarios de carne humana. Finalmente, el régimen se extiende a Cuba por Ley de 1880, con la rejserva del patronato; pero también esta institución desaparece por R. D. de 7 de octubre de 1886.
    En diversas colonias de los Estados europeos en Africa subsistió aún durante mucho tiempo la esclavitud. Y todavía resulta difícil establecer en ocasiones si algunas clases de trabajos realizados en los pueblos africanos, los reclutamientos forzosos (sin preocupaciones por edad ni salud) y cierto género de prestaciones no tienen carácter similar a la institución dada como abolida en el presente. Los coolíes, servidores miserables de la China y de la India y de ciertas regiones del corazón de África (donde el blanco no demuestra tener corazón), los peones de algunos ingenios y cafetales de América no parecengozar de mayor libertad ni sufrir menos cargas que los típicos esclavos de antaño. Así, no debe extrañar que en 1926 (!!) constituya la esclavitud todavía tema de actualidad suficiente como para suscitar un convenio internacional, suscrito por la inmensa mayoría de los países, el 25 de septiembre de tal año, para poner término (una vez más, pero ¿la última?) al tráfico indigno de esclavos. Se define la esclavitud como el estado o condición de un individuo sobre el cual se ejercen los atributos del derecho de propiedad o alguno de ellos. Expresa además que la trata de esclavos comprende todo acto de captura, adquisición o cesión de un individuo para venderlo; todo acto de cesión —por venta o cambio— de un esclavo adquirido para venderlo o cambiarlo; y, en general, todo acto de comercio o transporte de esclavos.
    En la República Argentina, el art. 15 de la Const. de 1853 declara que: "En la Nación Argentina no hay esclavos: los pocos que hoy existen quedan libres desde la jura de esta Constitución; y una ley especial reglará las indemnizaciones a que dé lugar esta declaración. Todo contrato de compra y venta de personas es un crimen de que serán responsables los que lo celebraren, y el escribano o funcionario que lo autorice. Y los esclavos que de cualquier modo se introduzcan, quedan libres por el solo hecho de pisar el territorio de la República". Parecida declaración formuló^ la Const. mexicana de 1857, y las de los restantes países hispanoamericanos. Más sintéticamente, por haberse extinguido casi el problema, la Const. arg. de 1949 declaró: "En la Nación Argentina no hay esclavos. Los que de cualquier modo 9e introduzcan, quedan libres por el solo hecho de pisar el territorio de la República" (art. 27).
    La nueva redacción del texto constitucional no significa que haya perdido su carácter delictivo el tráfico esclavista. Continúa siendo aplicable el art. 140 del Cód. Pen. arg., que determina: "Serán reprimidos con reclusión o prisión de tres a quince años el que redujere a una persona a servidumbre o a otra condición análoga, y el que la, recibiere en tal* condición para mantenerla en ella". Para el Cód. Civ. arg.: "Las incapacidades contra las leyes de la naturaleza, como la esclavitud, o las que revistan el carácter de penales, son meramente territoriales.; es decir, que sólo surten efectos en el país que la imponga y mientras allí se encuentren los que las sufren.
    Queda por consignar que según el art. 1.583 del Cód. Civ. esp. se prohibe el arrendamiento de criados y servicios asalariados por toda la vida. Parecida disposición figura en casi todos los Códigos, tanto Civiles como de Trabajo, con el objeto de impedir, en esta forma, que el obrero quede reducido, por medio de un contrato, a la condición de siervo o esclavo del patrono.
    En la Const. esp. de 1931 no se hablaba de esclavitud. Sus redactores pensaron con ilusión (que es esperanza y, a la par, engaño) que toda esclavitud había terminado; y se contentaron con estampar la igualdad humana en el art. 25: "No podrán ser fundamento de privilegio jurídico: la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas".
    Sin embargo, la esclavitud es eterna, al menos en sus ingratas acepciones metafóricas: como trabajo penoso, en tanto que dura obligación, cual sujeción rigurosa o férrea disciplina, en el silencio forzoso ante la injuria, y para cuantos eligen como víctimas las tiranías implacables y sanguinarias, (v. COLONATO, LIBERTAD, LIBERTO, MANUMISIÓN, PATRONATO, SERVIDUMBRE, SIERVO DE LA GLEBA, TIRANÍA, VASALLAJE.) (257, 260, 410, 1.584, 1.621.)

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