Definición de apelación  



    Recurso que la parte, cuando se considera agraviada por la resolución de un juez o tribunal, eleva a una autoridad judicial superior; para que, con el conocimiento de la cuestión debatida, revoque, modifique o anule la resolución apelada. Pueden apelar, por lo general, ambas partes litigantes.
    La pluralidad de instancias, el ordenamiento regular de éstas, facilita las apelaciones. Se sostiene, empero, la necesidad de la instancia única, con objeto de evitar los largos debates judiciales y no entorpecer la administración de la justicia. No obstante, las opiniones de la doctrina se encuentran divididas; pues, frente a la conveniencia de la brevedad, se opone que la multiplicidad de las instancias garantiza mejor contra posibles arbitrariedades o errores; y antes interesa resolver con acierto que fallar pronto.
    El que interpone la apelación se llama apelante; y apelado se denomina al litigante vencedor, contra el cual ©o apela.
    En todas las jurisdicciones (la civil, comercial, criminal, canónica, administrativa, etc.) se admiten apelaciones contra los fallos de los jueces o tribunales inferioresT que deberán decidir los superiores.
    Salvo declarar la ley inapelable un fallo, se da el recurso de apelación contra todas las sentencias y autos. Sólo pueden apelar quien haya sido parte en el juicio, y aquel al cual la sentencia dictada ataña de modo directo, por producir, de consentirla, excepción de cosa juzgada contra él.
    Apelación posee dos acepciones procesales muy distintas: en significado amplio es toda reclamación formulada contra un juez o tribunal, con la pretensión o esperanza de mejorar la situación de una parte en la misma causa; pero, estrictamente, como se considera de modo especial ahora, apelación es la segunda instancia o recurso de alzada, a diferencia de los recursos extraordinarios, como el de casación o el peculiorí aimo de revisión, y otros de naturaleza especial, como el contencioso administrativo, en que de la vía gubernativa se pasa a la jurisdicción especial, allí donde esté organizada, o directamente a la jurisdicción ordinaria, si se admite controversia litigiosa sobra ciertos actos d© la Administración pública.
    La apelación se justifica por la inexperiencia de los tribunales inferiores, desempeñados a veces por jueces legos (como bastantes de los municipales o ÚC pu) 0 por los jueces letrados que dictan sus primeras sentencias, resolución delicadísima siempre entre el apasionamiento de las partes y los argumentos y celadas de sus defensas. No se olvida tampoco la posibilidad de la negligencia, de una resolución impremeditada "para salir del paso" ni se excluye la posibilidad de la malicia, del rencor o de la venganza, de la corrupción por el soborno o del ánimo doblegado por un poderoso influjo local. Además, la apelación se desenvuelve por lo general en tribunales colegiados, con la ventaja (y a veces inconveniente) de la diversidad de criterios, que dificulta las confabulaciones ignoradas e impide descuidos de bulto entre tantas experiencias reunidas.
    Todas esas ventajas no llevan & empezar por el final, y suprimir la primera instancia, útilísima en cuanto muchos pleitos se resuelven en ella, con gran economía de gastos y de tiempo; bastantes se encauzan, al ser examinados de cerca por quien conoce el ambiente local; constituye también un aprendizaje vivo para los futuros magistrados, al oficiar el juez de primera instancia —sin que sobre tal expresión caigan los técnicos— como un primer ponente del tribunal de alzada, semejanza que se acentúa cuando éste confirma en todas sus panes la resolución apelada.
    Precisamente por constituir la apelación un progreso, como garantía, ha tardado en introducirse; porque los primeros magistrados, por ser los mismos soberanos, o delegados suyos muy directos, gozaban de infalibilidad: eran inapelables en sus fallos. Durante la monarquía romana se indica como precedente la provocatio ad populum, admitida en ciertas causas criminales; *y posteriormente, ya durante la República, resulta posible recurrir contra las decisiones de los cónsules, pero no contra las de los dictadores. Pero en el procedimiento que podríamos llamar común, contra lo resuelto por el juez no cabía apelar ni ante el magistrado que lo había nombrado, y el que proporcionaba a los litigantes fórmula con la cual concurrían ante aquél. El único subterfugio era la auctoritas interpositio, la interposición de su autoridad por un tribuno o un pretor para impedir la ejecución del fallo. La apelación se introdujo con cierta regularidad desde Augusto, y los sucesivos emperadores la facilitaron. Por lo común, del juez se apelaba al prefecto de la ciudad, y de éste al emperador: pero en ciertas causas, en que la apelación correspondia al Senado por un sabio deslinde de atribuciones, dispuesto por Adriano, no cabía apelar en nueva instancia ante el emperador. Y hasta se estableció la antes prohibida alzada ante el magistrado que había designado al juez. En el Corpus Juris Civilis, la apelación se regula con bastante detalle en el lib. XLIX del Digesto.
    En el Derecho español, primero con el nombre ya arcaico de alzada y luego con el actual de apelación, se trata de la materia en todos los grandes textos: el Fuero Juzgo (lib. II, tít. I), el Fuero Real (lib. II, tít. XV), las Partidas (Part. III, tít. XXIII), el Ordenamiento de Alcalá (tít. XIII), las Ordenanzas Reales de Castilla (lib. III, tít. XVI), la Aíieva Recopilación (lib. IV, tít. IX), la Novísima Recopilación (lib. XI, tít. XX) y, por supuesto, las Leyes de Enjuiciamiento Civil de 1855 y la de 1881 que, abandonando la tradición, han roto la unidad del tema.
    En el sistema vigente puede apelar cualquiera de las partes, e incluso todo perjudicado. De los jueces municipales se apela ante los de primera instancia (que entonces lo son de segunda); y de las resoluciones de ellos, ante las audiencias territoriales. Pero de los fallos de éstas no hay tercera instancia, temible dilación; sino, en su caso, recurso de casación.
    Cabe apelar, dentro de tercero día, contra el auto resolutorio del recurso de reposición de las providencias y autos comunes. Contra las providencias de mero trámite no se da apelación, aunque se concedan dos "recursos": el de la responsabilidad judicial y el de pedir que se subsane lo procedente en la segunda instancia.
    Las apelaciones se admiten en ambos efectos o en uno solo. (v. EFECTO DEVOLUTIVO y SUSPENSIVO.) Interpuesta en tiempo y forma una-apelación (como motivo, basta la voluntad de la parte, mejor o peor argumentada), el juez la admitirá sin sustanciación alguna, si fuere procedente (pues puede estar prohibida o haber pasado el plazo), y expresará si la admite en ambos efectos o en uno solo; a cuyo trámite se refieren los arts. 383 y ss. de la ley citada.
    Denegada la apelación por el juez de primera instancia, la parte que la baya intentado puede recurrir en queja ante la audiencia, recurso que requiere pedir reposición del auto o providencia del juzgado, y testimonio de ambas resoluciones; luego de lo cual corre un plazo de 15 días para formalizar la queja (arts. 398 y SS.).
    Todo apelante debe personarse ante el tribunal- superior dentro del término del emplazamiento. De no verificarlo, se declara desierto el recurso, sin necesidad de acusar rebeldía y condenando en matas al apelante. En cualquier estado de la apelación. puede separarse de ella el que la haya interpuesto, pero deberá pagar las costas causadas al contrario. Para constancia de ese abandono se requiere poder especial del procurador o ratificación jurada del interesado en el escrito. En estos casos, de no proseguir la apelación la otra parte, la sentencia de primera instancia queda firme (arts. 840 y ss.).
    La apelación típica (lo mismo que el juicio) es la correspondiente a los pleitos de mayor cuantía. En ellos, recibidos los autos en la audiencia, se acusa recibo; y luego de personado en tiempo y forma el apelante, se pasa la causa al relator, para que forme el apuntamiento (v.e.v.). Formado éste, o« da traelado de los autos a cada una de loa partes, para su instrucción, por término entre 10 y 20 días, que cabe prorrogar hasta 30 días si excede de 2.000 folios. Las partes, al devolver los autos, expresarán su conformidad con el apuntamiento, o propondrán las adiciones o rectificaciones que crean necesarias. Justo en tal escrito podrá el apelado adherirse a la apelación sobre los puntos en que crea perjudicial para él la sentencia primera; pues ni antes ni después puede utilizar este recurso (arts. 855 y ss.).
    Por medio de otrosí pueden las partes pedir que se subsane el quebrantamiento de alguna forma que pueda originar la casación; y en igual forma, solicitar el recibimiento a prueba, (v. PRUEBA EN SEGUNDA INSTANCIA.) Practicada ella en su caso, se adiciona al apuntamiento, que se comunica a cada una de las partes por seis días improrrogables. También deberán los litigantes manifestar su conformidad o discrepancia con tales adiciones. Posteriormente, los autos pasan por igual plazo al ponente, para su instrucción. El trámite siguiente es la citación de las partes para sentencia. Celebrada la vista, ia audiencia fallará dentro de los 15 días, de no requerir alguna diligencia para mejor proveer. La vista puede ser sustituida por una alegación en Derecho (informe escrito, en lugar de verbal), cuando las partes lo pidan, o lo acuerde la sala a instancia de una de ellas. En tales casos, el término para sentenciar empezará a correr desde el siguiente a la entrega de las alegaciones escritas o impresas, juntamente con el apuntamiento (arts. 859 a 886).
    Dar por desierta la apelación consiste en declarar vencido el plazo para sostenerla.
    So desampara la apelación cuando no so prosigue este recurso.
    Mejorar la apelación, en el antiguo Derecho, indicaba exponer los agravios ante el tribunal superior. Actualmente, petición incidental previa, planteada por el apelante o por el apelado, para que el tribunal superior entienda o deniegue el efecto suspensivo a la apelación admitida en primera instancia, (v. para la legislación arg., RECURSO DE APELACIÓN; y, además, ALZADA, JUEZ DE APELACIONES, JUICIO; RECUBSO DE CASACIÓN, QUEJA y iusmiuÓN¡ SEGUNDA INSTANCIA. ) (166, 381, 1373, 1381, 1383, 1384, 1286, 1288, 2.120, 3.547, 3.762, 4.112, 4.464, 5380, 6.728.)

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