Definición de albacea  



    El que tiene a su cargo cumplir y ejecutar lo que el testador ha ordenado en su testamento, u otra forma de disposición de última voluntad.
    Mientras que el heredero no representa al testador, el albacea, sí. El heredero continúa la personalidad jurídica del testador; y el albacea, en cambio, es un mandatario, un representante post mortem del testador.
    No obstante se ataca el carácter de mandatario; ya que el mandato se extingue por la muerte del mandante, y el albaceazgo se origina o comienza precisamente por ella; además de la esencial revocabilidad del mandato, y la imposibilidad de modificar el nombramiento del albacea (pues la revocación del testamento no es sino la anulación de un proyecto de albaceazgo). También se objeta que el representante obra en nombre y por cuenta del representado; mientras el albacea actúa en nombre del de cujus, cuando ya ha dejado de existir, pero por cuenta de herederos, legatarios y acreedores.
    Con este nombre de albaceas, o con el de testamentarios o ejecutores testamentarios, marmesores, cabezaleros. mansesores, fideicomisarios (éste peligrosa.
    mente equívoco), el cargo es testamentario, de ejecución voluntaria, pero de desempeño obligatorio una vez aceptado, personalísimo y temporal; no es necesario: pues, de faltar, lo suplen los herederos o el juez.
    Según las circunstancias se distinguen estas clases de albaceas: 1* por la amplitud de sus facultades, en universales o particulares; 2* por el número de los nombrados, únicos o múltiples; 3* por la forma de ejercer el cargo cuando sean varios, en mancomunados y solidarios; 4f por el nombramiento: en testamentarios (designados por el testador), voluntarios (si lo nombran los herederos, a falta del indicado por el de cujus) y judiciales o dativos (cuando el juez les confiere las funciones).
    El albacea es en principio cargo distinto del administrador de la herencia y del comisario partidor (v.e.v.); aunque nada impide que el testador acumule a las tareas del primero la de uno de los otros dos, e incluso las de ambos.
    Para ser albacea se requiere la capacidad para obligarse. La casada puede serlo con autorización del marido; y la separada, sin ninguna licencia marital. El menor no puede ser albacea ni con permiso de sus padres o tutor. La capacidad se aprecia en el momento del ejercicio del albaceazgo, no en el del nombramiento.
    El testador puede nombrar una o más personas encargadas de cumplir las disposiciones testamenta rias. Tal nombramiento deberá hacerse en las formas prescritas para testar, sin necesidad de que se baga en el testamento mismo.
    De ser mancomunados los albaceas, sólo valdrá lo que hagan todos de consuno, o lo hecho por uno de ellos, legalmente autorizado por los demás o, en supuesto de disidencia, lo resuelto por la mayoría. En caso de urgencia, uno de los albaceas puede practicar bajo su responsabilidad los actos necesarios, aunque deba dar cuenta luego a los demás. Para la solidaridad, se requiere expresa disposición del testador.
    El cargo obliga si no se renuncia dentro de los seis días de conocido el nombramiento; o, si éste era ya conocido, en los seis días que sigan a la muerte del testador. Cabe renunciarlo ulteriormente, pero ha de ser con alegación de justa causa y resolución favorable del juez. La no aceptación o la renuncia injustificada acarrean la pérdida de lo dejado por el testador; con lo cual la ley presume que las funciones de ejecución testamentaria eran una carga de la herencia o del legado; pero el albacea conserva, de serlo, sus derechos de heredero forzoso.
    Las facultades del albacea serán las que establezca el testador, con arreglo a las leyes; y, si no las hubiere concretado, el ejecutor testamentario tendrá los poderes necesarios, según las circunstancias, para cumplir la voluntad del causante y custodiar sus bienes hasta la partición.
    Le corresponde asimismo disponer y pagar los sufragios y el funeral del testador, satisfacer los fcgadvi va mciólico y doícndcr en juicio la be» rencia. El cargo es voluntario y renunciable. El plazo normal para cumplir el encargo es de un año, prorrogable por otro, bien por los herederos o por el juez, y sin límites, por el testador.
    Como los herederos son los continuadores de la personalidad del difunto, a ellos ha de rendir cuenta de su encargo el albacea. No obstante, y aunque el testador lo prohiba, cuando hayan sido designados no para entregar los bienes a determinadas personas (y¿ ¿¿n íun¿i¿n¿i ¿a ¿¿misarías partidares), sino para la inversión o distribución dispuesta por el testador, habrán de rendir cuentas al juez; para evitar la burla de los prohibidos fideicomisos de confianza y para respeto de las legítimas.
    Cuando el testador haya señalado remuneración a los albaceas, y la retribución sea conjunta, la parte de los renunciantes acrecerá a los que lo desempeñen. Ello no obsta para que los albaceas puedan cobrar lo que les corresponda por los tra- bajos de partición u otros análogos.
    El albaceazgo concluye por muerte del albacea, por imposibilidad, renuncia o remoción, por el transcurso del plazo testamentario o legal, o de la prórroga concedida. Por supuesto, también por concluir las tareas. De no existir albacea, de no aceptar o de quedar vacante su función, corresponde a los herederos la ejecución de la voluntad del testador (v. los arts. 893 a 911 del Cód. Civ. esp.).
    En sus arts. 3.844 a 3.874 desenvuelve el Cód. Civ. arg. su doctrina, muy similar a la expuesta. Como preceptos especiales cabe mencionar que pueden ser albaceas los herederos y legatarios, los testigos del testamento y el escribano que lo autorice. Aunque la posesión de la herencia corresponde a los herederos (forzosos o testamentarios), en poder del albacea debe quedar la parte de la herencia bastante para pagar las deudas y los legados. De no haber sino legatarios, al albacea corresponde la posesión hereditaria.
    El albacea no puede delegar el cargo, pero ai puede obrar por mandatarios. El testador puede darle atribuciones para vender sus bienes muebles o inmuebles. Posee además facultades para asegurar loa bicoca. La destitución del alba cea puede pedirse por su quiebra, por incapacidad para ejercer el cargo y por mala conducta en sus funciones. No es gratuito el cargo, ya que el art. 3.872 del cód. cit. establece que el albacea tiene derecho a una comisión, que se graduará según su trabajo y la importancia de los bienes de la sucesión.
    El albacea tiene el deber de poner en conocimiento del juez la muerte del tutor que lo haya nombrado ejecutor testamentario, y proveer mientras lo que exijan las circunstancias en cuanto a los bienes y a la persona del menor (art. 456). Sin audiencia de los interesados y sin autorización judicial, los albaceas no pueden hacer transacciones (art. 841, n* 4<>).
    El albacea que, en beneficio particular, se interese en operaciones realizadas con ocasión de sus tareas testamentarias, incurre en delito. (5.765,6.300.)

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