Definición de testamento  



    Declaración de última voluntad, relativa a los bienes y otras cuestiones: reconocimientos filiales, nombramientos de tutores, revelaciones o confesiones, disposiciones funerarias. | | Acto en que tal manifestación se formula. Documento donde consta legalmente la voluntad del testador. En tecnicismo ya anticuado, embargo o aprehensión judicial de cosas del deudor, a petición de SU acreedor. II "Serie de resoluciones que por interés personal dicta una autoridad cuando va a cesar en sus funciones" (Dic. Acad.). Escrito o in- forme muy voluminoso.
    Como muestrario legal, el Cód. Civ. esp. determina que: "El acto por el cual una persona dispone para después de su muerte, de todos sus bienes o de parte de ellos, se llama testamento" (art. 667). Por su parte el Cód. Civ. arg. expresa que: "El testar mentó es un acto escrito, celebrado con las solemnidades de la ley, por el cual una persona dispone del todo o parte de sus bienes para después de su muerte" (art. 3.607). Esta definición cierra el camino al testamento verbal, que por excepción se admite en ciertas legislaciones; como en el caso de acción de guerra o naufragio, si bien es cierto que para surtir sus efectos ha de protocolizarse por las declaraciones de los testigos, que procuran así un documento escrito.
    Ambos legisladores coinciden en que el testamento es un acto; si bien se percibe en el español más claro el sentido de hecho o de acción, pues el argentino parece volverse hacia la acepción francesa de documento. Además, uno y otro establecen que se ha de disponer de los bienes y que ha de ser para después de la muerte. Tal criterio, cual ya se ha indicado en la primera de las acepciones, es limitado; porque el testador puede no disponer de sus bienes, no tenerlos, ser insolvente y deudor y no por ello sería ineficaz ni dejaría de llamarse testamento la declaración de voluntad referente al nombramiento de tutor para sus hijos; a la prohibición de ulteriores nupcias a su cónyuge viudo, hasta donde ello sea eficaz, a la de ser quemado su cadáver o ser enterrado en determinada forma; a autorizar que la viuda conserve la patria potestad si se casa otra vez; a perdonar agravios o delitos privados; a reconocer la prole ilegítima o natural; a denunciar un delito o confesarse autor de delito por el cual otro esté sufriendo condena, entre otras múltiples disposiciones sin estricto carácter patrimonial.
    Como definiciones doctrinales en esta fundamental materia, está la de Modestino, tan reiterada como curiosamente inexacta para el Derecho romano, por omitir la imprescindible institución de heredero. Dice: Testamentum est voluntatis nostrae justa sententia de eo quod quis post mortem suam fieri velit (Testamento es la legítima o justa disposición de nuestra voluntad sobre lo que queremos que se haga después de nuestra muerte).
    De Diego, ajustándose al Cód. Civ. esp. en su doctrina f general, caracteriza el testamento cual "acto unilateral, personalísimo, solemne, revocable, mortis causa, enderezado a disponer lo que queremos se haga después de nuestra muerte en los límites y condiciones impuestas por el Derecho objetivo".
    La palabra testamento procede inmediatamente de la similar latina: testamentum; pero, en cuanto a ésta existen discrepancias notables. Así, algunos autores romanos, como Aulo Gelio y Servio Sulpicio, a los que siguieron Justiniano en las Instituciones y Alfonso el Sabio en. las Partidas, estiman que procede de testutío mentís, testimonio de la mente. Por el contrario, otros, alegando que eso no es sino un juego de palabras, la derivan de testibus mentio, mención de los testigos, por la necesidad d< sde un principio de testar ante testigos, que antiguamente no sólo eran medio probatorio, a lo cual se reducen en la actualidad, sino que aprobaban la mención o declaración hecha por el testador en los comicios del que quería que le heredase.
    De las clases de testamentos, sin perjuicio de las ampliaciones contenidas en las voces que siguen a ésta, cabe indicar que se distingue, según las circunstancias normales o no, entre testamentos ordinarios y los extraordinarios o privilegiados, con simplificación de requisitos por lo excepcional de la situación.
    Dentro de los ordinarios, las tres formas permitidas en el Cód. Civ. francés, en el esp. y en el arg. inspirados en aquél, son el ológrafo, el abierto y el cerrado. Todas esas formas son por escrito; aunque el Cód. Civ. esp. acepta el testamento verbal en caso extremo de peligro de muerte en acción de guerra o naufragio.
    La necesidad de escribir que el testamento impone, no significa que haya que saber o poder escribir; pues el analfabeto o el impedido pueden testar, en forma abierta y aun cerrada, siempre que manifiesten con claridad su voluntad o dónde está contenida, y firmen o sean suplidos incluso en esto.
    Cada testamento, abolido en los textos modernos el testamento mancomunado —aun subsistente en el Derecho Foral español, por ejemplo—, ha de constar en documento distinto, aunque puedan estar contenidos en una misma cubierta o sobre varios testamentos de personas distintas. Ello no implica restricción a las mutuas instituciones de herederos, siempre que no se hagan en un testamento, ni se impongan como condición una de otra.
    La exposición teórica y legal relativa al testamento se halla en las voces siguientes, complementarias de esta genérica: ABONAMIENTO, ADVERACIÓN DE TESTAMENTO; FORMA, INEFICACIA e INTERPRETACION DE LOS TESTAMENTOS; NULIDAD DE TESTAMENTO; PROTOCOLIZACIÓN y REVOCACIÓN DE TESTAMENTOS; TESTADOR; TESTAMENTIFICACIÓN, TESTIGO DE LOS TESTAMENTOS.
    Para la ley arg., el contenido del testamento, su validez o invalidez legal, se juzga según la ley en vigor en el domicilio del testador al tiempo de su muerte (art. 3.612 del Cód. Civ.). En cuanto a la ley formal, ha de observarse la vigente al tiempo de hacerse. Con cierta candidez, ya que se olvida una disposición retroactiva de norma ulterior, se declara que ninguna ley posterior trae cambio alguno en esta materia, ni a favor ni en perjuicio del testamento, aun promulgada en vida del testador (art. 3.625).
    El empleo de formalidades inútiles y sobreabundantes no vicia un testamento, si es regular en lo demás. Tal es el caso de mayor número de testigos que el requerido, siempre que, de haber incapaces, y excluidos, quede la cantidad suficiente de testigos capaces (art. 3.638).
    El testador no puede confirmar por un acto (documento) posterior las disposiciones contenidas en un testamento nulo por sus formas, sin reproducirlas, aunque tal acto esté revestido de todas las formalidades requeridas para la validez ^e los testamentos. Pero, sí, puede eficazmente el testador referirse a un testamento válido, hecho anteriormente, y que haya quedado sin efecto por incapacidad de los legatarios o herederos instituidos (art. 3.629).
    En los testamentos en que la ley exige la firma del testador, debe éste escribirla con todas las le* tras alfabéticas que componen su nombre y apellido (precepto que puede llevar a la dificultad de reconocer la firma luego de muerto y a desfigurarla el testador que no la tenga muy legible de ordinario). No se tiene por firmado el testamento cuando sólo se pone el apellido, o con las letras iniciales, nombres y apellidos; ni cuando en vez de suscribir con el apellido propio se emplea el de otra familia a la cual no pertenece el testador. Por último, desdiciéndose en casi todo ese aparente rigor, el legislador se adapta a la realidad y declara que una firma irregular e incompleta se considerará suficiente cuando la persona estuviese acostumbrada a firmar de esa manera los actos (documentos) públicos y privados (art. 3.633).
    Quebrantar el testamento: se dice por revocar, inutilizar o invalidar el hecho conforme a Derecho y permaneciendo en el mismo estado el testador; como al nacerle un heredero forzoso, al hacer otro testamento perfecto e incompatible y al adoptar por hijo a otro, a quien se obliga a instituirle heredero.
    Antiguo Testamento: los libros de la Biblia, admitidos como canónicos por la Iglesia, desde los de Moisés a la venida de Jesucristo.
    Nuevo Testamento: los Evangelios, los Hechos y Epístolas de los apóstoles y el Apocalipsis, posteriores todo al nacimiento de Jesucristo, y merecedores de fe para la Iglesia, (v. LEY NUEVA) Imitación del testamento, y sin valor actual, es el codicilo (v.e.v.). (138. 144, 389, 391, 772, 788, 795, 796 798, 866, 809, 819, 827, 834, 842, 847, 870, 885, 887. U50, 1.449, 1.454, 1.525, 1.546, 1.691, 1.707, 1 751, 1.772, 1.773, 1.780, 1.781, 2.020, 2.021, 2.428, 2.740, 2.975, 2.976, 2.979, 3278, 3.500, 3.600, 3.660, 3 793 4 027 4.126, 4.192, 4.284, 4.777, 4.842, 5.535, 5.536, 5.903, 5.921, 6.181, 6.343, 6:399, 6.700.)

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