Definición de matrimonio


    Una de las instituciones fundamentales del Derecho, de la religión y de la vida en todos sus aspectos. Quizás ninguna tan antigua, pues la unión natural o sagrada de la primera pareja humana surge en todos los estudios que investigan el origen de la vida de los hombres, y establecida como principio en todas las creencias que ven la diversidad sexual complementada en el matrimonio, bgse de la familia, clave de la perpetuidad de la especie y célula de la organización social primitiva y, en su evolución, de los colosales o abrumadores Estados.
    Quizás, tampoco, ninguna situación o estado tan combatido ni tan arraigado, perpetuo sembrador de ilusiones y de desengaños. Si la expresión se admite, ei resumen de todos los ataques implacables y de todas las fogosas defensas se traducen, en definitiva, en que el matrimonio es una institución perfecta para seres tan imperfectos como los hombres combinados con las mujeres.
    Descartada, por improbable, la procedencia de ma- ritus, marido; no parece ofrecer grandes dudas que la etimología de esta voz es genuinamente latina, de matrimonium (vocablo casi idéntico al nuestro), derivado, a su vez, de matri (por matris), genitivo de mater, madre; y de mariíts (v.e.v.), cargo u oficio de madre. Se afirma que se prefirió este nombre y no el de patrimonio (fundamental por su parte en los derechos reales o económicos), por cuanto era la mujer la que, en realidad, determinaba el vínculo de parentesco, por la certidumbre de la filiación, en las primitivas épocas de promiscuidad sexual; y, más adelante, por entenderse que para U mujer son las mayores obligaciones del matrimonio, por los hijos y el hogar; sin excluir que su atracción es la que mueve al hombre, casi siempre, a la iniciativa de proponerlo y al hecho de consumarlo.
    P«T su gran autoridad y ciencia, citaremos otras cuatro etimologías posihles, indicadas, en la Suma teológica, por Santo Tomás: 1* de matrem muniens, defensa de la madre; 2* de niatrem monens, porque previene a la madre que no se aparte del marido; 3? de matre nato, por cuanto la mujer se hace madre del nacido; 4* de motos y materia, porque al ser dos en carne una, forman los cónyuges o matrimonio una sola materia.
    En este aspecto, y desde los primeros escarceos, surge la pugna o dualidad del matrimònio religioso y del estatuido por la ley civil. Para la Iglesia integra un sacramento, y precisamente el primero de los instituidos, según la Biblia, en el instante mismo de aparecer la diversidad de sexos. El Derecho, aun sintiendo profundo respeto por la doctrina canónica, enfoca el matrimonio como contrato, aunque se vea en el mismo singularidad que desborda del simple consentimiento dual coincidente; ya que no se permite, como en la generalidad de las relaciones contractuales, el espontáneo desistimiento de las partes.
    Fiel a ese concepto civilista, Planiol da del matrimonio la definición que sigue: "El matrimonio es un contrato por el cual el hombre y la mujer establecen entre ellos una unión, que la ley sanciona y que ellos no pueden romper a voluntad". Muy hábil, ya que elude la resbaladiza palabra contrato, era la primera de las definiciones de la Academia Española, dedicada sin duda al matrimonio civil: "Unión perpetua de un hombre y una mujer, con arreglo a derecho". A lo cual agrega, ya dentro del Derecho Canónico, una segunda: "Sacramento propio de legos, por el cual hombre y mujer se ligan perpetuamente con arreglo a las prescripciones de la Iglesia".
    Las Partidas decían que era la sociedad legítima del hombre y de la mujer, que se unen con vínculo indisoluble, para perpetuar su especie, ayudarse a llevar el peso de la vida y participar de una misma suerte (Part. IV, tít. II, ley V).
    Modestino definió el. matrimonio romano, basado en la comunidad de condición social y de creencias religiosas, como conjunctio maris et feminae, consortium omnis vilae, divine atque humani juris comu- nicatio (unión de marido y mujer, consorcio para toda la vida, comunicación del Derecho humano y del divino). Para Bergier es la "sociedad constante de un hombre y una mujer, para tener hijos". Ahrens dice que es "la unión formada por dos personas de distinto sexo, a fin de producir una comunidad perfecta de toda su vida moral, espiritual y física, y de todas las relaciones que son su consecuencia". De Casso lo estima como "la unión solemne e indisoluble de hombre y de mujer para prestarse mutuo auxilio y procrear y educar hijos".
    Las definiciones transcritas y otras innumerables análogas dicen muchas cosas ciertas, pero bastantes otras no imprescindibles para la existencia de un matrimonio, desde el punto de vista del Derecho Civil o de Familia, como se considera predominantemente ahora. Muchos de los caracteres señalados no son fundamentales: no es necesaria la perpetuidad de la unión, porque la existencia o amenaza del divorcio, donde está admitido, lo desmiente; 2 Por ello hay que simplificar los términos definidores, para reducir el blanco de las críticas: lo inmutable proviene de la duaiidad de sexos y de la relación entre ellos, .10 meramente fugaz. Por eso, sin pretender perfección, cabe orientar el concepto matrimonial como una unión jurídica, personal y estable entre hombre y mujer; ya que si no es jurídica (civil o religiosa), consuetudinaria, formal o natural reconocida, no puede ser incluida en el estudio del Derecho, ni objeto de legislación; si no es personal, habrá que caracterizarla por otro molde contractual, o de los negocios jurídicos, pero no como conyugal; si no posee cierta estabilidad, constituye un desahogo pasional, un capricho o una extravagancia; y ni siquiera concretemos demasiado en el número, para no excluir la poligamia admitida entre los árabes, ni la poliandria, practicadas por pueblos menos cultos y sin escrúpulos morales; aunque la tendencia de la civilización y la aspiración del individuo, por la exclusividad del sentimiento amoroso, conduzca ineludibleménte a la monogamia: al matrimonio entre un hombre y una mujer. El nexo afectivo, ensalzado por lo general, está ausente en los matrimonios por interés o por mutua conveniencia sólo.
    Recogiendo las inclinaciones legales y sociológicas, puede concluirse que el matrimonio es una sociedad compuesta por sólo dos, personas, que han de ser de sexo diferente, que por lo general tiende a la propagación más o menos inconsciente de la especie, además de fortalecerse por la ayuda ir^utua, asentada en el propósito inicial de compartir la misma suerte a través del vínculo que los une, con ciertas comunidades patrimoniales, y sólo disoluble en los casos y según los modos estrictamente determinados en Í a ley.
    Históricamente, el matrimonio tiene por origen un contrato: el consentimiento familiar o sensual de la pareja humana, el acuerdo de las voluntades o de los deseos de ambos cónyuges. La religión (y la cató- lica con mayor constancia y empeño que ninguna), lo eleva a la jerarquía Je sacramento, basado siempre en la libre manifestación del consentimiento de los contrayentes, que aportan elementos de orden material y moral coexistentes dentro del matrimonio.
    Debe señalarse también, y en ello no existe discrepancia por ser evidente el uso popular, que por matrimonio se entiende asimismo ei marido y la mujer conjunta icnte; como al hablar de la ca^a habitada por un matrimonio. | | Cabe agregar finalmente la significación de estado conyugal, de situación de casado; por ejemplo, al referirse a que cierta persona no ha encontrado la felicidad en el matrimonio.
    Sin perjuicio de las complementarias indicaciones en algunas voces, tratadas aparte por su importancia, se indican las principales clases de matrimonio admitidas o existentes, por la índole de la rama jurídica que lo ampara o condena, por la forma de su celebración, por la condición de los contrayentes y por diversas circunstancias especiales; por más que todos ellos mantengan, en líneas generales, un mismo contenido, objeto y carácter. Por la autoridad legal, de Derecho divino o humano, se distingue el matrimonio religioso del civil. El primero lo constituye, en los países católicos, o donde estos creyentes gozan de libertad de cultos, el matrimonio canónico, que puede tener consecuencias legales inmediatas, sin necesidad de nueva ceremonia ante el funcionario civil, si el Estado lo proclama así. Por el contrario, en otros pueblos, partiendo del principio de la separación de la Iglesia y del Estado, para poder contraer matrimonio canónico, deben los novios haber contraído previamente matrimonio civil o realizarlo después. En España/ durante la Segunda República, se adoptó un sistema de indiferencia en ese sentido, pues la autoridad sólo tomaba en cuenta el matrimonio civil, sin examinar la eficacia del canónico; el cual podía ser contraído o no, libremente por los cónyuges, según sus creencias y conciencias, pero sin validez en cuanto a los efectos legales del vínculo matrimonial; que, de ser exclusivamente canónico, volvía sobre esta unión el duro calificativo eclesiástico para el solo matrimonio civil: el de concubinato, que curiosamente recaía, por obra de la ley, para los casados únicamente por la Iglesia.
    En cuanto a la publicidad, el matrimonio es solemne (o público) y secreto; subdividido éste, a su vez, en clandestino, de conciencia y presunto. Por la condición de los contrayentes, se divide en igual y desigual (o morganàtico). Por las circunstancias de medio u ocasión, al matrimonio ordinario se contraponen los extraordinarios: el celebrado in artículo mortis o in extremis, por inminente peligro de muerte; el contraído en campaña o a bordo de buques mercantes, etc.
    Por los requisitos concurrentes u omitidos, al matrimonio lícito se contrapone el ilícito. Este último puede ser nulo, en cuyo caso es discutible la calificación de matrimonio, nunca existente para la ley; o simplemente prohibido, cuando no invalida el vínculo y sí acarrea ciertas sanciones penales o civiles, como en el caso de casarse sin dispensa los menores. Al nulo se opone el válido, perfecto en la forma y de plenos efectos jurídicos. También se diferencia entre el noto y el putativo; donde la primera especie comprende los casos en que la nulidad es conocida por notoria; mientras el segundo es aquel en donde uno o ambos cónyuges ignoran la nulidad. Por las relaciones carnales entre los cónyuges, del matrimonio consumado, en el cual las ha habido, se distingue el matrimonio rato, en que el acceso no se ha producido.
    Uno de los problemas fundamentales relacionados con el matrimonio se refiere a su indisolubilidad. Los pueblos antiguos, como los israelitas y los romanos, conocieron el libelo de repudio, con causas más o menos severas. Luego, durante largos siglos, por influjo absoluto del cristianismo y por la naturaleza exclusivamente sagrada del nexo, imperó la perpetuidad del vínculo conyugal, basta la muerte de uno de los esposos. Nuevas concepciones jurídicas, y la afirmación de la autoridad del Estado en el terreno político interno, determiné un cambio radical, con facultad para romper el ligamen con justa causa, e incluso sin otro motivo que el mutuo consentimiento. Aunque algunas legislaciones mantienen con firmeza su oposición a esa tendencia, por predominio de la Iglesia en la vida pública, como acontece en la Argentina y en España (aparte el paréntesis que en ésta significó la posición civil de la Segunda República), la evidencia consiste en que la mayoría de los códigos civiles modernos se pliega a la tesis de considerar el matrimonio disoluble; esto es, que admiten el divorcio vincular, con posibilidad de contraer nuevo y distinto matrimonio I«»* ex cónyuges.
    Conviene tener presente las diferencias que distinguen el matrimonio del concubinato. El primero constituye un contrato solemne; mientras el segundo es un hecho, la convivencia de hombre y mujer, afirmada por una relación carnal prolongada y más o menos exclusiva, que sólo en determinados supuestos, expresamente previstos por el legislador, surte efectos jurídicos. El concubinato engendra un vínculo de conciencia, carente de consecuencias para el Derecho positivo, pues cada uno lo* oonculnnario* esta en libertad de contraer lícito matrimonio con persona distinta de la amancebada con él.
    La aptitud para contraer matrimonio válido exige dos esenciales requisitos; uno, relativo a la edad; y el otro, al estado mental. Se necesita que los contrayentes sean púberes; esto es, que hayan alcanzado la edad o desarrollo que determina la presunción legal de aptitud física para cumplir uno de los fines sociales del matrimonio: la procreación. De acuerdo con la tradición romana, ha sido fijada la edad, por lo general, en los doce años para las mujeres, y en los catorce para los varones. Tal criterio es compartido por la Ley arg. de matr. civ. en su art. 9? y por el Cód. Civ. esp. en su art. 83; mientras el Cód. Civ. francés señala 15 para las hembras y 18 para los varones. El Código Canónico fija 14 para las mujeres y 16 para los hombres. La diversidad en esta materia se explica, en gran parte, por los climas; porque es ley biológica que la pubertad se adelanta en las regiones tropicales a los 10 años y menos, mientras se retrasa hacia los polos, basta los 16 años y más.
    Con independencia de la edad, otro defecto o falta de aptitud genésica proviene de la impotencia (rarísima en la mujer), causa tenida en cuenta por todos los códigos, por la finalidad conyugal que la procreación determina.
    Por los sistemas matrimoniales, las legislaciones se dividen en tres grupos principales: a) las de criterio exclusivamente religioso, como Grecia, que sólo reconocen validez al contraído según la religión oficial del Estado; b) las de ordenamiento exclusivamente civil, como Suiza y España (durante la Segunda República), que sólo se refieren al matrimonio civil, sin prohibir el religioso ni inmiscuirse en la conciencia de los contrayentes; c) las de actitud mixta, por la dualidad establecida, como en España hasta 1931 y luego de 1939, en que los católicos sólo pueden casarse por la Iglesia, y el matrimonio civil se re serva, con carácter de exclusivo, para los que no SMI• •católicos, sin perjuicio de la rutinaria celebración o inscripción civil para los que lo sean; o bien por exigir la celebración de ambas formas, la religiosa y la civil, como Rumania hasta la incorporación a la órbita soviética; o por la elección indistinta entre una y otra forma, según la legislación inglesa y sueca, donde en realidad son civiles el matrimonio religioso y el contraído ante un funcionario público.
    Rusia, como estridencia revolucionaria, no concede £ran importancia a la celebración del matrimonio; cabe registrarlo civilmente, ante el funcionario competente; pero surte efectos la unión de hecho, siempre que se pruebe.
    En España, la tradición constante desde la conversión de Recaredo ha sido la obligatoriedad del matrimonio canónico para los católicos que se decidan a casarse; aun cuando, en la relajación me- dioeval, tuvieran entrada formas irregulares, comò la barraganía y el matrimonio a yuras o clandestino. Tal exclusividad se mantuvo hasta la Ley del matr. civ. de 1870, que ponía en vigor el principio de libertad de cultos proclamado en la Const. liberal de 1869. En virtud de tal ley, la celebración del matrimonio civil era obligatoria, sin repulsa ni atentado con respecto a la ceremonia eclesiástica para los católicos; si bien la celebración única de ésta carecía de efectos civiles. Fueron éstos reconocidos casi automáticamente por Dee. del 9 de febrero de 1875, ecléctico, corno luego el Cód. Civ.; con respeto del progreso civil de la Ley de 1870, se exigía el registro de todos los matrimonios ante funcionario público, pero con la obligatoriedad para los católicos de no eludir la forma canónica. La Ley de matr. civ. del 28 de junio de 1932 volvió al sistema del texto de 1870, y así se mantuvo hasta 1939; aunque ya desde 1938, por disposición promulgada por el entonces "Gobierno de Burgos", se restauró plenamente el sistema del código; pero con tal fuerza retroactiva en cuanto a los matrimonios civiles contraídos después de empezada la guerra de 1936 y en la "zona leal", que determinó una insospechada nulidad para todas las uniones celebradas en ese lapso, y algo peor: la ilegitimidad para los frutos de tales matrimonios civiles; sin hablar de la complejidad de situaciones creadas por la superposición de legislaciones.
    Los requisitos matrimoniales se clasifican así: 19 Anteriores a su celebración: la instrucción o trámite del expediente matrimonial, de los "papeles", demostrativos de la libertad y de la voluntad preliminar de los novios; las proclamas o edictos; la licencia o el consejo familiares; la autorización de ciertos superiores y el aviso al juez municipal. Además, el expediente matrimonial que instruye la Iglesia, para preparar a los futuros cónyuges; y los esponsales, caso de celebrarse, dada su actual voluntariedad. 29 Concurrentes con la celebración: la capacidad de los contrayentes, tanto positivamente como en el aspecto negativo, la ausencia de impedimento; la manifestación del consentimiento y la observancia de la forma, solemne en la Iglesia, sobria ante la autoridad civil. 39 Posteriores a la celebración: el registro o anotación del matrimonio, por la extensión de la partida o acta correspondiente, que da fe del matrimonio contraído; inscripción que hará el párroco en lo canónico y el juez municipal en lo civil, con las firmas de los contrayentes, testigos y autoridades.
    El matrimonio no sólo constituye un estado civil, ©ino que determina un régimen patrimonial; porque la ley civil tiene previsto, como obligatorio y exclusivo, o como supletorio ante el silencio de los contrayentes, el sistema patrimonial de bienes que ha de regir en el hogar constituido. Sin otra opción, tal régimen es el de la sociedad de gananciales en la Argentina, con la reserva de las facultades que la ley personal conceda a los extranjeros, al menos para todos los efectos extraterritorialistas; y también se acepta en España, pero con liberalidad merecedora de los máximos encomios, pues sólo se "impone" a falta de expresa voluntad de los novios, que pueden libremente escoger cualquier otro sistema. Ahora bien, en donde la legislación se muestra casi unánime es en la necesidad de que las capitulaciones matrimoniales preceden a la celebración misma del matrimonio y, consecuentemente, en su posterior irrevo- cabilidad. Se quiere asegurar así la libertad de las partes, y «vitar por añadidura las restricciones o trabas que para contratar existen en tantos ordenamientos legales por el solo hecho de haberse casado la mujer.
    Para no darle al artículo dimensiones enciclopédicas, contrarias a la índole de este Diccionario, sigue un esquema de las normas de la Ley arg. de matr. Civ. y del Cód. Civ. esp.; y una remisión final detallada de las voces principales donde se desenvuelven aspectos complementarios de esta fundamental institución, o en las que se hace referencia a ella por la exigencia del vínculo o por sus consecuencias.
    Los trece capítulos que al matrimonio consagraba el Cód. Gv. arg., en sus arts. 159 a 239, fueron sustituidos por la Ley de matr. civ. del 2 de noviembre de 1888. En el primero de los capítulos de ésta, sobre "régimen del matrimonio" (arts. 29 a 79) se somete la validez del matrimonio a la ley del lugar de su celebración; los derechos y obligaciones de los cónyuges se rigen por las leyes territoriales mientras permanezcan en la República, cualquiera sea el lugar en que el vínculo se haya contraído; el contrato nupcial rige los bienes del matrimonio; la disolución del matrimonio en el extranjero no habilita a ninguno de los cónyuges (o mejor quizás ex cónyuges), para casarse nuevamente por ello sólo. El cap. II (art. 8o) desconoce los esponsales; y no admite acción sobre ellos ni indemnización por los perjuicios causados. El cap. III (arts. 9o a 13) trata de los impedimentos. El cap. IV (arts. 14 a 16), del consentimiento y de sus vicios. El cap. V, de las diligencias previas a la celebración del matrimonio (arts. 17 a 19). El cap. VI (arts. 20 a 36), de la oposición al matrimonio, fundada en motivos jurídicos. El cap. VII (arts. 37 a 49), de la celebración del matrimonio. El cap. VIII (arts. 50 a 63), de los derechos y obligaciones de los cónyuges. El cap. IX (arts. 64 a 71), del divorcio. El cap. X (arts. 72 a 80), de los efectos del divorcio. El cap. XI (arts. 81 a 83), de la disolución del matrimonio. El cap. XII (arts. 84 a 86), de la nulidad del matrimonio. El cap. XIII (arts. 87 a 92), de los efectos de la nulidad del matrimonio. El cap. XIV (arts. 93 a 95), de las segundas o ulteriores nupcias. El cap. XV (arts. 96 a 116), de disposiciones generales, relativas a la prueba, a las acciones y a las responsabilidades que al matrimonio conciernen o derivadas del mismo. Entre las disposiciones transitorias, con poco de tales, está la fecha inicial de vigencia de la ley, a partir del 1? de enero de 1889.
    En el Cód. Civ. esp., con nueva vigencia en lo matrimonial luego de 1939, más las reformas de 1958, se explana lo relativo al matrimonio en el tít. IV del lib. I, y en otros varios pasajes del texto. El art. 42 se ocupa de las formas del matrimonio, dos según el reconocimiento de la ley: "El matrimonio habrá de contraerse canónicamente cuando uno al menos de los contrayentes profese la religión católica. Se autoriza el matrimonio civil cuando s* pruebe que ninguno de los contrayentes profese la religión católica" .
    Las disposiciones comunes ambas formas del ma- trin.únio se incluyen en los arts. 43 a 52, dedicados a los esponsales, a las prohibiciones del matrimonio, a la licencia y consejo para el mismo y a la indisolubilidad del mismo, sólo rompible por la muerte de uno de los cónyuges. Sobre la prueba del matrimonio legislan los arts. 53 a 55. Sobre los derechos y deberes de marido y mujer, los arts. 56 a 66. Sobre los efectos de la nulidad del matrimonio y separación. Id* arl-. 67 a 74. Sobre el matrimonio canónico en especial, los arts. 75 a 82. Luego, en un capítulo dedicado al matrimonio civil, se regula la capacidad de los contrayentes en los arts. 83 a 85. concernientes a los impedimentos. La celebración del matrimonio se rige por lo dispuesto en los arts. 86 a 100. De la nulidad del mismo deciden los arts. 101 a 103. Y del divorcio, los arts. 104 a 107, sin otro carácter que el de separación de cuerpos y, si acaso, de bienes.
    El matrimonio restringe la capacidad de los cónyuges, por cuanto requiere cada uno el consentimiento del otro para adoptar (art. 174) y para legitimar por concesión del jefe del Estado (art. 125); pero la amplía por cuanto el menor queda emancipado por el hecho de casarse, aun cuando el de menos de 18 años quede sujeto a algunas limitaciones (arts. 314 y ss.).
    Efecto especial del matrimonio es legitimar los hijos habidos por los contrayentes antes de regularizar su estado conyugal (art. 120) ; y surte sus efectos tal legitimación desde la fecha del matrimonio.
    Del régimen patrimonial del matrimonio se ocupa el cód. cit. en el tít. III del Üb. IY, denominado con bastante impropiedad "del contrato sobre bienes con ocasión del matrimonio", donde se regulan situaciones no contractuales, como el régimen de bienes ante el silencio de los contrayentes, el de los bienes parafernales y la separación de bienes, materias extrañas a la contratación; amén de un sinfín de normas de orden público, inexcusables, como la restitución de la dote y la hipoteca legal a favor de la casada por ciertos bienes recibidos por el marido. Dentro de ese conglomerado, tratan de las capitulaciones matrimoniales en general los arts. 1.315 a 1.326. De las donaciones por razón de matrimonio, los arts. 1.327 a 1.335; de la dote, los arts. 1.336 a 1.380, reguladores de su constitución, garantía, administración, usufructo y restitución. De los parafernales, los arts. 1.381 a 1.391. De la sociedad de gananciales, los arts. 1.392 a 1.431, con detalle sobre su constitución, bienes privativos de los cónyuges, comunes o gananciales, cargas y obligaciones de éstos, administración de los mismos y liquidación y disolución de la sociedad de gananciales. Por último, sobre separación de bienes conyugales y su administración se legisla en los arts. 1.432 a 1.444.
    Consumar el matrimonio: tener entre sí el primer acceso carnal los casados, (v. DEBITO CONYUGAL, MATRIMONIO CONSUMADO.) Consumir el matrimonio: forma anticuada, y ya jocosa, análoga a la de consumarlo.
    Contraer matrimonio: casarse. Celebración del contrato matrimonial. Su fecha es la de la ceremonia «ivil o religiosa, con independencia absoluta de la intimidad consumadora, (v. ADULTERIO, AMANCEBAMIENTO, ARRAS, AUTORIDAD MARITAL; BIENES GANANCIALES y PROPIOS DE CADA UNO DE LOS CÓNYUGES} BIGAMIA, CAPACIDAD PARA CONTRAER MATRIMONIO, CAPITULACIONES MATRIMONIALES, CELEBRACIÓN DE MATRIMONIOS ILEGALES, CELEBRACIÓN DEL MATRIMONIO, CONCUBINATO, CONSEJO PARA CONTRAER MATRImonio, CÓNYUGE, CONYUGIDIO, DÉBITO CONYUGAL, DERECHO MATRIMONIAL, DERECHOS Y DEBERES CONYUGALES, DISOLUCIÓN DEL MATRIMONIO, DIVORCIO, DOnación POR RAZÓN DE MATRIMONIO, DOTE, EDICTOS MATRIMONIALES, EMANCIPACIÓN, ESPONSALES, ESPOSA, ESPOSO, EXPEDIENTE MATRIMONIAL, FORMAS DE MATRIMONIO, IMPEDIMENTO, JUSTAS NUPCIAS, LÍBELO DE REPUDIO, LIBRETA DE CASAMIENTO, LIBRO DE LA FAMILIA, LICENCIA PARA CONTRAER MATRIMONIO, MANIFESTACIÓN DE VOLUNTAD MATRIMONIAL, "MANUS", MARIDO, MUJER, NULIDAD DEL MATRIMONIO, OPOSICIÓN AL MATRIMONIO, PARRICIDIO, PATERNIDAD, PRESUNCIONES EN EL MATRIMONIO, PROCLAMA, PRUEBA DEL MA- TRIMONIO, SEPARACIÓN DE BIENES ENTRE CÓNYUGES, SOCIEDAD CONYUCAL.) (264, 291, 735, 733, 743, 744, 745, 749, 750, 755, 758, 762, 1.471, 1.739, 1.859, 1.860, 1.861, 1.862, 1.863, 1.864, 1.866, 1.868, 2.034, 2.041, 2.158, 2314, 2.846, 3.011, 3219, 3.450, 3.460, 3.465, 3.474, 3.674, 3.738, 3.759, 4.066, 4.111, 4.177, 4328, 4.693, 4.755, 4.756, 4.813, 5.131, 5.132, 5.133, 5.134, 5.135, 5301, 6285.)

    Más Definiciones del Diccionario Derecho General


    Inicio >> Diccionario de derecho >> Palabras con la Letra m >> Más Definiciones del Diccionario Derecho General >> matrimonio
¿Mejoramos la definición?
Puntos: 0 (0 votos)





[*] Responsabilidad civil de los motores de búsqueda de Internet
[*] Jurisprudencia en Fallos judiciales

Tendencias:


  1. manus
  2. pericial
  3. parens
  4. clausula
  5. usucapion
  6. resoluciones de la oit
  7. desercion
  8. familiae
  9. mon imenta
  10. releáis
  11. adscrita
  12. bienestar social
  13. contrato
  14. diatiposis
  15. efectos juridicos
  16. empleador
  17. fin ilicito
  18. homólogo
  19. mores maiorum
  20. proceso judicial

Diccionario online Español

Búsqueda por letra: A  -  B  -  C  -  D  -  E  -  F  -  G  -  H  -  I  -  J  -  K  -  L  -  M  -  N  -  O  -  P  -  Q  -  R  -  S  -  T  -  U  -  V  -  W  -  X  -  Y  -  Z

Búsqueda por Categoria:
  • Enciclopedia Escolar
  • Diccionario de Pedagogía
  • Diccionario de Educacion Especial
  • Diccionario de Gramática
  • Diccionario de Fonética
  • Diccionario de Tecnología
  • Diccionario de Computación
  • Diccionario de Linguística
  • Diccionario de Biografias
  • Buscar en el sitio:

    Síguenos en ...