Definición de jurisprudencia  



    La ciencia del Derecho. El Derecho científico. La ciencia de lo justo y de lo injusto, según parte de la definición justinianea, que luego se considerará. La interpretación de la ley hecha por los jueces. Conjunto de sentencias que determinan un criterio acerca de un problema jurídico omitido u obscuro en los textos positivos o en otras fuentes del Derecho. La interpretación reiterada que el Tribunal Supremo de una nación establece en los asuntos de que conoce. La práctica judicial constante. Arte o hábito de interpretar y aplicar las leyes. La Academia agrega una acepción pedagógica: "enseñanza doctrinal que dimana de las decisiones o fallos de autoridades gubernativas o judiciales". Y otra de jurisprudencia dnalógica: "Norma de juicio que suple omisiones de la ley, y que se funda en las prácticas seguidas en casos iguales o análogos".
    Justiniano definió la jurisprudencia en estos términos, repetidos como pocos: "Divinarum atque hu- manarum rerum notitia, justi injustique scientia". (El conocimiento de las cosas divinas y humanas, la ciencia de lo justo y de lo injusto). Se ha declarado que tal definición apenas si orientaría para saber de qué se trata a quien nada supiera sobre jurisprudencia. En verdad, existen dos definiciones: en lo primero, de filosofía; en lo segundo, puede referirse también al Derecho. Se ha pretendido enlazar ambos miembros, diciendo que se quería indicar que era la filosofía de la justicia y de la injusticia, con una visión universal tan amplia como la magnitud inconmensurable del Derecho, que penetra en la vida toda, nos aguarda antes del nacimiento y nos acompaña más allá de la muerte.
    En la actualidad predominan dos acepciones, además de la de Ciencia jurídica, que ya tuvo en su origen.
    Una, por la cual se la considera como el hábito práctico de interpretar rectamente las leyes y de aplicarlas oportunamente a los casos que ocurren; otra, al hábito que se tiene de juzgar de una misma forma una misma cuestión, esto es, la serie de juicios o sentencias uniformes que forman uso o costumbre sobre un mismo punto del Derecho. La interpretación que ordinariamente dan los tribunales a la ley es lo que comúnmente se denomina jurisprudencia, la que, a diferencia de la doctrina, tiene casi siempre efectos legales.
    La jurisprudencia, en donde está admitida, es una de las fuentes del Derecho. Pero es necesario que sea uniforme, no contradictoria, ajustada a la ley.
    Ha de ser según ley, porque ésta sólo se deroga por otra posterior; y aun cuando en una época prevaleciera una interpretación, cabría siempre modificar la jurisprudencia, que también cede por un cambio de opinión en los juzgadores. No ha de ser contradictoria, por la propia autoridad de los magistrados, y porque resultaría un juego de azar el obtener el fallo favorable o adverso, según las ocasiones; a la contradicción no se opone la variación, sin simultaneidad ulterior en los criterios dispares. La uniformidad, coincidencia en sus fundamentos y conclusiones, proviene especialmente de la igualdad de los casos planteados; pues una diferencia o un matiz bastan para modificar la apreciación de un texto, sobre todo donde existe arbitrio amplio.
    Dentro del Derecho español se ha discutido si la jurisprudencia constituye, o no, fuente del Derecho. No está incluida entre las supletorias de la ley que enumera el art. 6? del Cód. Civ., al referirse a las lagunas del ordenamiento legal, que han de llenarse con la costumbre del lugar y con los principios generales del Derecho. Indudablemente posee algo de costumbre la jurisprudencias pero la ley se refiere a la que se viva en el lugar, no a la que se elabore en un tribunal para aplicarla a posteriori a una situación. Cabría darle entrada más fácil por los principios del Derecho; ya que se tiene por máxima jurídica respetable que el juez puede hacer de legislador, ante el silencio de éste.
    Quizás la discusión sea en gran parte bizantina; lo mismo supone prácticamente que la ley proclame que la jurisprudencia es fuente del Derecho que el silencio guardado al respecto, y casi que la prohibición que osara establecerse. La ley hay que aplicarla, incluso con amenaza penal para el juez que no falla escudándose en su obscuridad o inexistencia; y como no las hay en todos los casos ni todas son de meridiana interpretación, pues las partes disienten precisamente en cada litigio sobre ellas, esa decisión es el sentido de la ley. La jurisprudencia es en definitiva la ley que vive, désele el nombre técnico que se prefiera al respecto de las fuentes jurídicas.
    Pacheco, el gran jurista español, afirmaba que la jurisprudencia es el mejor comentario, el más autorizado para la genuina interpretación e inteligencia de la ley. Hay más, quien tiene la jurisprudencia a su favor, y de ahí el ahinco de los prácticos en citarla, tiene prácticamente los jueces a su favor, o conoce el pensamiento de los mismos, para eludirlo o enfocar el caso desde otra dirección. Es tradición y herencia que los tribunales, especialmente los colegiados y supremos, se transmiten de generación en generación, siempre que el ordenamiento positivo no se modifique.
    De enorme interés sobre este tema resulta la mención de la última de las disposiciones adicionales del Cód. Civ. esp., donde se prevé la nunca realizada reforma general del texto; allí se declara que, "en vista de... la jurisprudencia del Tribunal Supremo* la Comisión de Codificación formulará las reformas que convenga introducir, confesión de que se le reconocía a IOS fallos del alto tribunal virtud ;nnoYadora, o al menos interpretativa, sobre la misma ley.
    La Ley de Enj. Civ. esp., promulgada ocho años antes que el Cód. Civ., autoriza el recurso de casación no sólo por intracción de ley, sino también de doctrina legal (art. 1.692, n"? 1). Por ésta tiende el Trib. Supr. a admitir la jurisprudencia procedente de él mismo; como reconoce al declarar que la jurisprudencia anterior al Cód. Civ. no puede alegarse como doctrina legal, luego es posible citar o invocar la posterior (fallo del 3-XII-1892). En otros fallos de ese mismo año, del 1894 y 1899, entre otros, se declara que la doctrina legal útil para fundar un recurso de casación por infracción de aquélla es la que se establece en repetidas e idénticas decisiones del Tribunal Supremo que sean aplicables al caso. (v. CASACIÓN.) (Í15, 3.058, 3.073, 5.376, 5.552, 5.643, 5.667, 6.104, 6.105, 6J06.)

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